Esa parece ser la conversación del verano. Algunas polémicas recientes sobre inmigración, los eclipses o críticas sociales de algunas de las principales figuras parecen despertar un cierto alejamiento de los seguidores.
Opiniones controvertidas, como la del "influencer" Carlos García, conocido como Carliyo el Nervio, en relación con el reciente eclipse al que no dudó en calificar como "fenómeno histórico astrológico de mierda" y "cortina de humo para ocultar lo que está ocurriendo en España" están generando acaloradas críticas y abren el debate sobre la formación y el conocimiento de estos influencers para opinar sobre casi cualquier cosa.
Ya son muchos los jóvenes que no se identifican con ese mundo de glamour, un tren de vida fabuloso o unos ingresos astronómicos. La constante desconexión de la realidad cotidiana de millones de personas está provocando una creciente pérdida de credibilidad entre estos creadores de contenido.
España, el quinto mercado europeo de creadores de contenido
Un análisis de Kolsquare (una de las plataformas de marketing de influencers líderes en Europa) sitúa a España como el quinto mayor mercado europeo de la creator economy, con un total de 153.397 creadores con presencia y relevancia comercial. Esta investigación introduce una metodología unificada para los países de la Unión Europea y el Reino Unido, aportando por primera vez datos fiables al sector.
El informe detalla que, dentro de esta cifra global, Instagram domina la escena nacional con 102.575 creadores, mientras que TikTok registra 50.822, evidenciando el protagonismo de ambos canales en el marketing digital.
Por volumen de creadores, el mercado español se posiciona inmediatamente después de Italia, Francia, Reino Unido y Alemania, superando ampliamente a otros países del entorno europeo como Polonia, Países Bajos o Portugal.
El mercado de los influencers en España mueve actualmente unos 400 millones de euros al año. ¿Será esta una crisis pasajera de estos creadores de contenido o el principio de un cambio de tendencia que ni siquiera podemos llegar a imaginar?