Vídeo: REDACCIÓN / AGENCIAS | Foto:Telemadrid
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La situación en Ceuta es de colapso absoluto doce días después de la avalancha migratoria. La ciudad autónoma se encuentra al límite en el frente sanitario y de seguridad, con unos servicios locales totalmente desbordados y una población civil que empieza a mostrar signos claros de desesperación.

El miedo y la ansiedad se han generalizado hasta el punto de que numerosas familias están enviando a sus hijos a la península para alejarlos de la creciente inseguridad callejera.

En la playa del Trampolín, los efectivos de la Policía Nacional mantienen un dispositivo de control y recuento de los migrantes para canalizar la asistencia humanitaria. Los recién llegados acceden de forma escalonada a la zona de duchas y aseos portátiles antes de recibir agua y alimentos, una operativa diseñada específicamente para evitar las aglomeraciones y avalanchas vividas en jornadas anteriores.

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Disturbios, miedo en las calles y comercios cerrados

Sin embargo, la tensión se traslada al entorno urbano. Lejos del litoral, los disturbios se repiten ante la mirada de los residentes de zonas como la urbanización La Colina.

El temor a sufrir incidentes afecta especialmente a las mujeres jóvenes, quienes evitan salir a la vía pública. Los ceutíes denuncian un repunte de peleas, robos, okupaciones e intimidaciones, incidentes que se intensifican notablemente durante las horas nocturnas.

La actividad económica también se está viendo gravemente afectada por la crisis. La mayoría de los comerciantes opta por no abrir sus negocios debido a la incertidumbre. Desde la Confederación de Empresarios de Ceuta, su vicepresidente Miguel Ángel Pérez del Castillo reconoce que impera el miedo y advierte de que el escenario no presenta visos de solución a corto plazo.

Ante este panorama, muchos empleados han solicitado el teletrabajo para poder trasladar su residencia temporalmente a otras autonomías.

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Discrepancia en las cifras y límite sanitario

En el plano demográfico y de control, la Policía y el Ejército concentran sus esfuerzos en contener a los menores en las inmediaciones de la comisaría. Existe una notable brecha entre los datos oficiales y los vecindarios: mientras el Gobierno cifra en 1.527 los menores censados, las asociaciones vecinales estiman que hay casi 5.000 personas en las calles.

Ahmed Enfed-Al, presidente de la Asociación de Vecinos de Príncipe Alfonso, explica que han tenido que elaborar un censo propio mediante un llamamiento en las barriadas de la periferia.

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Los sanitarios, al borde del agotamiento físico y psicológico

La presión asistencial es el punto más crítico. Las urgencias hospitalarias están colapsadas atendiendo a decenas de migrantes que presentan un estado de salud muy deteriorado.

El Colegio de Médicos ya ha solicitado formalmente la instalación de un hospital de campaña para asumir el volumen de trabajo, que actualmente alcanza las 500 asistencias diarias.

Los facultativos, al borde del agotamiento físico y psicológico, lanzan una advertencia contundente: una nueva llegada masiva prevista para los próximos días supondría el hundimiento definitivo del sistema sanitario local.