La isla Coiba, en Panamá, de infierno de miles de presos a destino preferido de multitud de turistas

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La isla de Coiba, en Panamá, es una de las regiones con más diversidad del planeta con una superficie de más de 485 kilómetros cuadrados cuyo Parque Nacional está ubicado en ubicado frente a la costa del Pacífico de Panamá, en el Golfo de Chiriquí.

Este parque fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005 y hasta aquí acuden numerosos turistas para disfrutar de mantarrayas, ballenas y tiburones martillo y, en algunas épocas del año, de los tiburones ballena.

Pero si no eres muy fan del buceo no pasa nada, porque en Coiba también podrás encandilarte de la vida silvestre del lugar donde viven monos, cocodrilos, igualas y más de 147 especies de aves. Además, es imprescindible la visita a su selva virgen.

La isla de Coiba, una sentencia de muerte para muchos prisioneros

Pero lo que mucha gente no sabe, es que este paraíso vacacional fue la versión de Panamá de la Isla del Diablo, una gran cárcel de arena y mar durante casi 100 años, durante la dictadura de Omar Torrijos y Manuel Noriega.

Fundada en 1919, a la prisión de Coiba acudían los criminales más peligrosos de Panamá o aquellos que se encontraban en el lado equivocado de la lucha política, y se mantuvo así hasta 2004 con cavidad para 3.000 prisioneros a los que se les conocía como ‘Los desaparecidos’, debido a que, a muchos de ellos, nunca más se les volvió a ver.

Lo más característico de esta cárcel es que los condenados no estaban recluidos tras altos muros y barrotes, sino que estaban distribuidos en los 30 campamentos que se encontraban repartidos por la isla y si intentaban escapar, los tiburones y cocodrilos hacían el papel de carcelero perfecto para disuadirles.

Bosques naturales conservados por la prisión que se estableció en la isla

Esto era posible debido al difícil acceso a Coiba, donde no podían acudir personas ajenas a este recinto, pero, según fueron pasando los años, el ejército de Panamá encargado de la supervisión de la prisión, dejaron de poder hacerse cargo de controlar a los reclusos debido al aumento de la popularidad de la isla donde crearon sin darse cuenta el bosque tropical mejor conservado de las Américas debido a disuasión de la colonia penal que mantuvo vírgenes alrededor del 80% de sus bosques.

Es curioso que un lugar tan bello tenga una historia tan oscura detrás, ya que este lugar penitenciario, era una sentencia de muerte para muchos prisioneros que intentaban sobrevivir a las condiciones naturales y a la violencia de otros reclusos.

Tal y como se informa en la web del Parque Nacional de Coíba, tras la caída de la dictadura, Coiba retomó su papel de campo de prisioneros criminales en lugar de prisión política. En sus últimos días, los prisioneros eran ladrones ordinarios, asesinos y violadores que cumplían su deuda con la sociedad cultivando y ganando la isla para mantener su propia existencia.

En esta página se cuenta, además, que se cree que muchos de estos desafortunados individuos terminaron en tumbas sin identificar cerca de la colonia penal de Coiba o fueron desmembrados y para alimentar a la abundante población de tiburones en sus aguas circundantes.