El Cementerio de la Almudena se ha convertido en escenario de continuos robos. Crucifijos, vírgenes, macetas y todo tipo de objetos que las familias colocan sobre las sepulturas desaparecen de forma recurrente.
Gregorio lleva tiempo recorriendo el camposanto y asegura que ha perdido la cuenta de los crucifijos que han sido sustraídos. Solo en una pequeña zona ha llegado a contar hasta 60. "60 he llegado a contar solamente en este trocito, es que allí hay mucho más. Sin embargo, las sepulturas de ahí abajo, las nuevas son de chapa y eso no les interesa".
Según nos explica, la situación ha empeorado especialmente durante los últimos dos años. Los robos, asegura, se repiten y los vecinos incluso encuentran objetos escondidos entre las sepulturas.
"El otro día, bajando de O’Donnell, así bajas a mano derecha, me encontré uno escondido detrás de una sepultura. Vi al guarda y le dije: mira lo que me he encontrado aquí. Lo cogió, lo metió en el coche y se lo llevó. Pero es que te vienes de abajo y vas contando y hay una montonera que te da algo", nos cuenta Gregorio.
Para quienes acuden al cementerio a diario, los robos tienen además un importante componente emocional. Es el caso de Paz, que visita cada día la tumba de su hijo. Cuenta que incluso las plantas y pequeños adornos que coloca desaparecen prácticamente de un día para otro. "Vienen y me quitan los pajaritos, se llevan una maceta entera como está, cogen y se la llevan. Según la planto, al día siguiente vengo y ya no hay maceta".
Desde que perdió a su hijo, Paz acude diariamente al cementerio. Allí cuida no solo de su sepultura, sino también de las de otras personas. "Desde que se murió mi hijo venimos todos los días. Hace poco ese Cristo, otro día vengo, que le riego aquí a una señora las macetas, también el Cristo".
Los vecinos aseguran que apenas llegan a ver a quienes cometen los robos, pero hablan de decenas de casos. Otra de las afectadas recuerda cómo desapareció de la tumba de su hermano una figura religiosa de gran valor sentimental.
"Esta es la lápida de mi hermano Manolo, que en paz descanse. Tenía aquí una Virgen muy bonita recogiendo al Señor, que me lo trajo un cura de mármol muy bonito. Todo, todo, todo. Se dedican a robarlo todo". Incluso apunta a la venta de estos materiales como posible causa de los robos. "Los que tienen la culpa son los chatarreros por comprarlo".
A la preocupación por los robos se suma la sensación de falta de vigilancia en un recinto de enormes dimensiones. Una de las vecinas explica que habló con uno de los vigilantes y recibió una respuesta que refleja las dificultades para controlar todo el camposanto.
"Estuve hablando con el guarda de seguridad que hay en la entrada y le conté lo que pasaba. Me dijo que llamara a las oficinas, que ellos solo tienen dos coches para todo el cementerio, que no pueden dar abasto".
La Almudena es uno de los cementerios más grandes de Europa y, según los vecinos, su extensión hace especialmente complicado mantener una vigilancia constante en todas sus zonas.
"Aquí hay más de tres millones de personas enterradas. Esto es más grande que Móstoles. Lo vemos todo totalmente dejado. Digo yo que el Ayuntamiento podría tomar parte. Las sepulturas han costado un dineral".
Los familiares piden más seguridad y una vigilancia capaz de evitar que estos robos sigan produciéndose. No reclaman únicamente la protección de los objetos materiales, sino también el respeto por los lugares donde descansan sus seres queridos y por la memoria que representan.