Navalafuente despide sus fiestas entre devoción a San Roque, toros de agua y barbacoa
Los vecinos mantienen viva la tradición con la procesión y la puja para portar al santo antes de dar paso a una jornada de agua y comida para poner el broche a las fiestas
Navalafuente vuelve a vivir una de sus jornadas más especiales con las fiestas en honor a San Bartolomé y San Roque. Tradición, devoción y diversión se dan la mano en una celebración en la que participan vecinos de todas las edades.
Cada 25 de agosto, Maribel espera a las puertas de la iglesia para ver salir a San Roque. Una tradición que, en su caso, está estrechamente ligada a su familia. "Mi madre era muy devota de San Roque y venía todos los años a la misa", recuerda.
Antes de que comience la procesión, los músicos se preparan para acompañar al santo por las calles del municipio. Pero queda otro momento fundamental: la tradicional puja de las varas para poder portar a San Roque.
"¿Cuánto vale la vara derecha de adelante? 100 euros", comienza la puja. Las cantidades van aumentando entre los vecinos que quieren tener el privilegio de llevar al santo.
Paco ha llegado a pujar 350 euros, aunque finalmente es su hermana quien lo porta. "Mis arraigos son de aquí, de Navalafuente", explica. Por eso tiene claro que esta procesión no se la pierde "por nada del mundo".
La devoción se deja notar durante todo el recorrido. "Aquí está mi santo. Soy fiel de este patrón", asegura otro vecino, que este año ha decidido esperar ante el elevado precio alcanzado durante la puja. Su estrategia pasa por intentarlo de nuevo cuando San Roque regrese a la iglesia: "Luego, para entrar, más barato".
Del santo a los toros de agua
Tras la parte más solemne de la jornada llega el turno de los más jóvenes. Los toros de agua toman el relevo de la procesión y convierten las calles de Navalafuente en escenario de una particular batalla para combatir el calor.
Félix es uno de los encargados de preparar el sistema. Una bomba permite llenar de agua los toros y, después, dispararla mediante una manguera para mojar a los participantes.
Los niños tampoco se quedan atrás. Armados con pistolas de agua, buscan a sus familiares y amigos entre carreras y chapuzones. Juan tiene claro su primer objetivo: su hermano, al que localiza rápidamente entre la multitud gracias a su gorra verde.
Y después del agua toca recuperar fuerzas. La barbacoa de fin de fiestas completa la jornada con panceta, lomo y bocadillos preparados al momento. Una cita que también se ha convertido en tradición y que reúne a vecinos y visitantes alrededor de la mesa.
Devoción por San Roque, música, agua y comida ponen así el broche a unas fiestas en las que Navalafuente vuelve a demostrar que sus tradiciones siguen pasando de generación en generación.
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