Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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Bajo los pies de Madrid, una red de gigantes silenciosos trabaja cada vez que llueve para proteger el río Manzanares. Son los tanques de tormentas, infraestructuras clave del drenaje urbano que, más allá de prevenir inundaciones, actúan como los primeros y fundamentales filtros contra la contaminación.

En el tanque de Arroyofresno, uno de los más grandes, Manuel, Subdirector de Conservación de Infraestructuras del Canal de Isabel II, nos explica su crucial función.

"Los tanques están dimensionados para recibir el agua de los primeros minutos de un aguacero, porque esas aguas son las más contaminadas: arrastran todos los metales de la atmósfera y los residuos de la calzada", detalla Manuel.

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Tras las recientes lluvias, esta enorme balsa subterránea, con una profundidad de varios metros y una extensión equivalente a cinco campos de fútbol, ha alcanzado su capacidad máxima.

"Aquí llega el agua residual que utilizamos en casas y comercios, que recogen las alcantarillas, y también la de la calzada a través de los sumideros", aclara Manuel. Sin estos depósitos, todo ese caudal sucio fluiría directamente al cauce. "Si no existieran, nuestro río estaría muy contaminado. Acabarían en él botellas de plástico, toallitas, pelotas, restos de tuberías o aceite", advierte.

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La concienciación ciudadana es, según recalca, la otra pieza esencial. "La gente necesita mentalizarse de que los ríos no se cuidan solos", afirma, recordando la importancia de desechar correctamente residuos como el aceite en puntos limpios.

El proceso no termina en el tanque. "En el momento que deje de llover, estas aguas se transportan a la estación depuradora, se tratan, se depuran y ya se devuelven al Manzanares en buenas condiciones", explica Manuel.

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Así, estos 36 gigantes subterráneos son la primera línea de defensa para garantizar que, tras cada tormenta, el río de Madrid recupere su caudal sin llevarse consigo la suciedad de la ciudad.