Las obras en la A-5 y la Línea 6 de Metro ahogan a los comerciantes del Paseo de Extremadura
Con un horizonte de dos años por delante, el futuro de estos pequeños empresarios es incierto
El Paseo de Extremadura se ha convertido en un laberinto de vallas y polvo. Lo que deberían ser obras para mejorar la movilidad y la calidad de vida del barrio se han transformado en una auténtica pesadilla para los pequeños comerciantes de la zona, que ven cómo sus clientes desaparecen y sus ingresos se desploman.
El inicio de las obras de soterramiento de la A-5 ya fue un duro golpe, pero el reciente comienzo de los trabajos para instalar ascensores en la estación de metro de Alto de Extremadura (Línea 6) ha sido la puntilla. Sin solución de continuidad entre una obra y otra, los negocios llevan meses atrapados en un callejón sin salida.
Rosa, que regenta una papelería desde hace diez años, resume a la perfección la angustia del sector. "No tenían suficiente con el soterramiento de la A-5, que ahora llegan los ascensores de la Línea 6", lamenta.
La comunicación fue un jarro de agua fría: "El lunes de la semana pasada nos lo comunicaron y del lunes al miércoles nos pusieron la valla". Desde entonces, el acceso a su tienda es un obstáculo.
"Las pérdidas han sido tan considerables que habremos bajado como un 25% de facturación y hemos tenido que despedir a un trabajador que llevaba 8 años con nosotros por causas objetivas", confiesa, visiblemente afectada. "Ya llevamos desde el año pasado que te tienes que reinventar... No, no, no sé ".
Su sensación es compartida por sus clientes. Una vecina y clienta de la papelería expone las dificultades para llegar hasta el barrio: "Me incomodan las obras bastante. Ahora mismo vengo en el autobús y me da una vuelta que parece una circunferencia. 40 minutos de autobús más de una vez".
El problema es transversal y afecta a todos los sectores. Justo al lado de la papelería, Mónica, una joven emprendedora, ha visto cómo su tienda de ropa ha quedado sepultada tras las barreras arquitectónicas.
"Llegué un día y de repente ya estábamos totalmente invisibilizados", denuncia. "Está afectando sobre todo al paso. Hay mucha gente mayor y no están pasando lo que deberían. La gente joven no me ve desde el metro y lo que vende es mi escaparate. Con la calle no se ve. Aparte, tampoco puedo tener mucho la puerta abierta, que es lo que hace que la gente entre, por el polvo".
La misma desesperación se respira en una zapatería cercana. Esperanza, su propietario, explica cómo las obras han partido la calle en dos, aislando los comercios según la acera. "Esto nos lleva a que las ventas bajen. Ya nos afectaba la obra de la Nacional 5 y, sin terminar aquello, nos han plantado esto. El que va por aquella acera no nos ve, y el que viene por esta acera no ve aquella tienda".
Su testimonio destila una preocupación que roza la desesperación. "Ahora espero que la campaña de primavera-verano dé resultado, pero vamos, estamos hablando mal y pronto, acojonados. ¿Plan B? ¿Regalar el calzado? Yo no puedo. Entonces cierro y me voy a mi casa. Lo liquido y me voy a mi casa".
Con un horizonte de dos años de obras por delante, el futuro de estos pequeños empresarios del Paseo de Extremadura es incierto. Lo que para unos es progreso, para ellos se ha convertido en una losa que amenaza con enterrar sus negocios y décadas de esfuerzo bajo el asfalto y el polvo de la obra.
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