La Taberna del Alabardero, medio siglo de historia a los pies del Teatro Real
Tienen barra de pintxos y hacen gastronomía vasca
En el corazón de Madrid, a la sombra majestuosa del Teatro Real y frente al Palacio Real, un local con alma ha sido testigo silencioso de la vida cultural, política y social de la ciudad durante cincuenta años.
La Taberna del Alabardero, abierta en 1974 por el sacerdote don Luis de Lezama, no es solo un restaurante; es un museo viviente, un refugio de tertulias y un pedazo de la historia reciente de España.
Iván, quien lleva 31 años trabajando entre sus paredes, se convierte en el cronista de este lugar único. Su historia comienza con un gesto de solidaridad. "El lema del padre Lezama era enseñar a pescar, no en dar peces", recuerda Iván.
"Él estaba con un grupo de chavales que recogían cartones de la calle, que venían de provincias de una pobreza de España 74. Descubre que les tiene que dar trabajo, darles esa formación que, a lo mejor, no le ha permitido la vida o la sociedad en ese momento". Así nació este proyecto, en lo que fue una antigua carbonería.
Cada rincón de la taberna respira historia. La barra principal lleva 50 años en su sitio y tiene su propia leyenda: procede de Chinchón y fue un regalo de su alcalde, ya que formó parte del atrezo de la película 'La vuelta al mundo en ochenta días', protagonizada por David Niven y Cantinflas.
Otra barra, adquirida por el propio don Luis de Lezama para la apertura, perteneció a una muy antigua taberna madrileña ya desaparecida. Incluso la lámpara que ilumina el local tiene su origen en unos billares históricos de la capital.
La clientela ha sido tan ilustre como el ambiente. En un rincón especial, se conserva la mesa y la silla donde se sentaba el poeta y literato de la Generación del 27, José Bergamín, primer cliente ilustre del local. A su alrededor, se formaron tertulias a las que acudían figuras como Rafael Alberti, José Hierro o Pepe Caballero.
Pero el Alabardero también fue, discretamente, una trastienda de la Transición. En el salón contiguo, se cocinaban las conversaciones políticas más delicadas. "Adolfo Suárez, Felipe González cuando le decían 'Isidoro'…", enumera Iván.
El método para pasar el testigo era de lo más tradicional: "Se dejaban papeles debajo de esos asientos de lo que se había dicho por la mañana para los que venían por la tarde".
La fama y el saber hacer de la taberna traspasaron el charco hace más de 35 años con la apertura de un hermano gemelo en Washington, a escasos metros de la Casa Blanca. Un local que ha servido como lugar para cenas de campaña de figuras como Hillary Clinton o Michelle Obama.
De vuelta en Madrid, el ritual diario está ligado al Teatro Real. En los descansos de las funciones, el local se llena de los afamados pintxos vascos que nunca faltan en la barra. "Tienen 25 minutos, y a la salida del teatro también", explica Iván.
Con medio siglo a sus espaldas, la Taberna del Alabardero mira atrás con la firme intención de seguir siendo ese mismo refugio con solera en el Madrid de los Austrias. A por 52 años más.
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