Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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Es una imagen que, según los vecinos, se repite a diario: una llamada al telefonillo, alguien responde y las puertas se abren. Al otro lado, un continuo ir y venir de personas que acuden a este inmueble de San Blas para comprar droga.

La actividad, aseguran, lleva años sin cesar y las consecuencias las sufren quienes viven puerta con puerta. "No podemos más", asegura una vecina. Tiene dos hijas pequeñas y cuenta que la situación se ha convertido en parte de su día a día.

"Es que es día y noche, sin parar. Tengo dos niñas pequeñas y están aquí jugando felices y se encuentran con una persona pinchándose", añade.

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Los vecinos aseguran que el negocio ha ido cambiando de responsable con el paso del tiempo, pero que la actividad no ha desaparecido. La Policía Nacional ha desmantelado este punto hasta en diez ocasiones, según los residentes, aunque después la actividad habría vuelto a comenzar.

El problema, cuentan, no se limita al interior de la vivienda. Las zonas comunes también se han convertido en escenario habitual de consumo y de situaciones insalubres.

"Aquí en este lado izquierdo se ponen a dormir, consumir. Yo en estas escaleras he visto a gente pincharse, fumar y cagar. Esto es un no parar", explica otro vecino.

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Jeringuillas, restos de sustancias y heces forman parte, según denuncian, del paisaje cotidiano. Una situación que, aseguran, se prolonga desde hace ocho o nueve años, aunque el inmueble habría ido cambiando de responsable.

Y a todo ello se suma el miedo. Los vecinos denuncian amenazas, incluso de muerte, y aseguran que la vivienda está completamente blindada, lo que dificulta todavía más su convivencia con el entorno.

Mientras tanto, quienes viven alrededor aseguran sentirse atrapados en una situación que se repite una y otra vez: actuaciones policiales, desmantelamientos y, con el tiempo, el regreso de la actividad.