Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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Un pentagrama en braille puede ocupar cinco veces más que uno en tinta. Una partitura que en papel convencional abarca cinco o seis páginas, en braille se convierte en un volumen que pesa y abulta como un diccionario.

Por eso, cuando Javier, pianista desde los 10 años y miembro del Coro Fermín Gurbindo, se enfrenta a una nueva obra, no puede permitirse consultar la partitura mientras canta. Sencillamente, porque "en braille lo que ocurre es que ocupa muchísimo más espacio. Es todo lineal. En una línea solo entra 'pasar haciendo sobre la mar'. No es factible en un ensayo ir leyendo y cantando a la vez".

Así funciona la única agrupación coral integrada por personas ciegas de la Comunidad de Madrid. En el teatro de la calle de Prim, sede de la ONCE, ensayan cada semana 31 voces. 21 de sus integrantes son afiliados a la institución; los 10 restantes no tienen discapacidad visual.

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Todos forman parte de la Asociación Cultural para Personas con Discapacidad Visual y trabajan bajo la dirección de Nacho, un músico sin problemas de visión que ha tenido que reinventar por completo el lenguaje de la dirección coral.

"En un coro de videntes, todo se comunica con las manos. Nos ven las manos, siguen las indicaciones, los compases, las dinámicas… En cambio, cuando hay personas ciegas o con dificultades visuales, no visualizan bien las manos o no me ven en absoluto. Aquí yo ya no marco el compase con gestos. Marco la respiración", nos explica Nacho.

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Javier es uno de los tres integrantes del coro que lee música en braille. Lleva dos años en la agrupación, pero la música le acompaña desde niño: "Desde chiquitito ya tenía atracción por la música porque en mi casa se escuchaba mucha. Con diez años empecé a recibir clases de piano".

Entre las voces del coro destaca la de Mercedes, que posee una cualidad poco frecuente: el oído absoluto. "Es una cualidad que tenemos algunas personas que consiste en saber identificar una nota musical", nos explica.

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"Normalmente para eso se necesita un pequeño instrumento que mediante un golpe seco te da el La. Pero yo no necesito referencia". Mientras la mayoría necesita un diapasón o un teclado para reconocer una nota, ella lo identifica sin apoyo alguno. "No le llamo virtud, es una cualidad que uno no elige. Esto se nace con ello, supongo"".

El coro lleva el nombre de Fermín Gurbindo, compositor del siglo pasado que sufrió problemas visuales desde niño y se convirtió en un referente de la música creada para ciegos. Ese espíritu es el que mantiene hoy vivo este proyecto subvencionado por la ONCE.