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Lo que en un principio parecía una broma para la familia terminó convirtiéndose en una emotiva realidad. Anita, de 78 años, decidió hacerse un tatuaje de la mano de su nieta Esther, tatuadora y gran cómplice en esta historia.

Unidas por mucho más que la sangre, abuela y nieta han reforzado su vínculo a través de los tatuajes, en una experiencia cargada de simbolismo. La familia pensaba que lo del tatuaje era mentira, pero Anita sorprendió a todos al dar el paso.

“Mi nieta es amor”. Con estas palabras, confirma Anita.

La historia de Anita y Esther demuestra que no hay edad para romper estereotipos ni para llevar el amor en la piel.