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Vivir el Carnaval de Río de Janeiro desde dentro es una experiencia inexplicable, cargada de energía, emoción y mucho trabajo.

Así lo explican sus protagonistas, que destacan que detrás del brillo, las plumas y la samba hay un año entero de preparación para poder desfilar en el Sambódromo.

Las coreografías, la música y el diseño del vestuario se trabajan durante meses como parte de una cultura profundamente arraigada en Brasil.

“El carnaval termina en febrero y en mayo ya estamos preparando el del año siguiente”, explican.

A través del movimiento, se trabaja la confianza, la conexión con el cuerpo y la liberación del miedo y la timidez, demostrando que la samba no solo se baila: también cura y transforma.