Vídeo: Redacción | Foto:Telemadrid
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Llegaba el día de la inauguración y la Catedral de la Almudena no estaba lista para su puesta de largo. Jesús Junquera, el "alma" de la catedral y encargado del Templo, recuerda cómo los confesionarios llegaron tan sólo un día antes de la ceremonía o cómo los ensayos generales tuvieron que realizarse en la capilla del seminario con una pizarra, porque era imposible entrar en una catedral que todavía no tenía ni suelo.

La nube de polvo esos días en el interior del Templo era constante, tal y como recuerda Andrés Pardo, quien fue el maestro de ceremonias en la consagración de la catedral. Quedaban muchas cosas por pulir y detalles por cerrar. Tanto es así, que Mercedes Hurtado, solista de la catedral, nos ha contado que no había una sola pintura en toda la catedral y tuvieron que ponerse tapices en el altar mayor para decorar.