Vídeo: Redacción | Foto:Telemadrid
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Siempre la hemos visto enérgica, sonriente, pero hay momentos de su vida que ha querido borrar, hasta este lunes.

Presentadora todoterreno con una larga carrera en televisión y también en Telemadrid, pero antes de llegar a los platós, Sonia Ferrer vivió un verdadero drama que, tras la muerte de la periodista Olatz Vázquez, ha decidido compartir con todos sus seguidores en redes sociales.

"Una supuesta eminencia en traumatología le dijo a mi madre que tenía un dolor imaginario"

Este relato en su cuenta de Twitter decía así:

“Yo tenía 15 años y un tumor de hueso en la columna que me estrangulaba la médula. Una supuesta eminencia en traumatología le dijo a mi madre que tenía un dolor imaginario y que solo quería llamar la atención. Lo que empezó siendo ocasional, se volvió diario”.

“Caía al suelo y convulsionaba con unos dolores inhumanos. Tomaba todo lo que llegaba a mis manos y claro, mi orina acabó manchada de sangre. Un ‘gran’ urólogo insinuó delante de mi madre y mi abuela que viviendo sola en el extranjero, a saber con quién me habría acostado y qué infección podría haber pillado”.

Y a todo este sufrimiento sumado al diagnóstico fallido se le sumó la valoración de otros profesionales, tal y como ella misma ha narrado:

“Llegaba a urgencias rompiendo la ropa con los dientes"

“Un dentista me quitó las muelas del juicio porque sin duda se debía a un dolor reflejo. También llevé un alza en el zapato izquierdo porque un osteópata dijo que tenía una pierna 1 centímetro más larga que la otra”.

A pesar de todos estos ‘remedios’, las visitas Sonia afirma que sus visitas a urgencias eran constantes:

“Llegaba a urgencias rompiendo la ropa con los dientes, llorando y gritando porque el dolor era insoportable y me daban el alta diagnosticándome «gases»”.

La infancia de Sonia quedó marcada por los dolores y las visitas al médico, hasta que llegó la persona adecuada, cuenta:

“Y así casi tres años hasta que el Dr. Frederic Font Vila pensó que, aunque no tenía la edad de la estadística, podía tener lo que tenía. Con casi 18 años ya el tumor era demasiado grande para que el riesgo de tocar la médula al quitarlo no fuese casi inevitable”.

Finalmente, el resultado fue satisfactorio y a Sonia Ferrer la vemos a diario andar y caminar con normalidad, aunque, como ella misma reconoce, pudo no haber sido así.