Vídeo: REDACCIÓN | Foto:Telemadrid
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Uno de los miradores más especiales de Segovia no se encuentra en lo alto de una torre ni tras la barandilla de una azotea, sino suspendido en el aire: un vuelo en globo aerostático.

Tras los preparativos, cuando todo está listo, el globo se eleva con suavidad y comienza a dibujar en el cielo un recorrido silencioso, alcanzando hasta 2.400 metros de altura sobre el nivel del mar.

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El amanecer y el atardecer son los momentos más mágicos para vivir la experiencia, ya que es cuando la atmósfera está más tranquila y, por ende, cuando menos viento hay para aterrizar.

Manel Rodríguez, con más de 27 años de experiencia, ha sido testigo privilegiado de innumerables historias en las alturas: desde miradas asombradas hasta emocionantes pedidas de mano que han encontrado en el cielo el escenario perfecto.