Vídeo: Redacción | Foto:Telemadrid
(Actualizado

Gayarre fue la estrella más rutilante de la ópera en el siglo XIX. Equivalía a los Messi y Ronaldo de hoy. Su origen fue de lo más humilde. Sebastián Julián Gayarre nació en una modesta familia navarra. Trabajó de pastorcillo (imaginadlo cantando para controlar a las ovejas) y con solo 16 años se fue de vendedor de cintas a Pamplona. Una tarde pasó por delante una banda tocando música. Gayarre se fue detrás de ellos embobado. ¡Por supuesto perdió el empleo!

Después trabajó como herrero. Golpeando el hierro al rojo cantaba jotas que quitaban "er zentío". Sus amigos le empujaron a que se presentara en el Orfeón pamplonés para estudiar canto. De ahí a despuntar solo había un paso y Julián lo dio. ¡Vaya si lo dio! Le llamaban "la voz sin rival". El propio Richard Wagner estaba alucinado con él. Hoy tenemos una placa que le recuerda en la Plaza de Oriente.