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(Actualizado

Como dice una canción norteamericana, las fronteras son “cicatrices en el rostro del planeta”. Algunas gritan sus tragedias y otras susurran historias difíciles de creer.

Hay enclaves, exclaves y cuasienclaves tan inaccesibles como desconocidos, pero el Galeón de Manila puede atravesarlos todos sin necesidad de pasaportes, visados ni salvoconductos.

Nos acompaña en la travesía Lola Escudero, fundadora de la Sociedad Geográfica Española y directora de comunicación de GeoPlaneta y Lonely Planet, que acaba de editar "Atlas de fronteras Insólitas", de Zoran Nikolic, un fantástico compendio de las fronteras más sorprendentes y otras curiosidades geográficas.

El realizador de documentales Daniel Landa es un uno de los pocos viajeros españoles que ha visitado Diomedes. Un refrán local dice que allí es posible cazar un oso mañana y comérselo hoy, y es cierto. Las Diómedes son dos islas: Diómedes Mayor y Diómedes Menor. Una pertenece a Estados Unidos. Otra, a Rusia. Y aunque apenas hay cuatro kilómetros entre ambas, todo un día las separa. Desde una isla se ve la otra, pero habitan en días distintos. Es decir desde una se ve el futuro, y desde otra, el pasado.

A veces las fronteras son el mejor pretexto para convertir territorios enteros en campos de batalla. Siempre ha habido fronteras calientes, pero no muchas veces han ardido a las puertas de Europa. Es el caso ahora en Nagorno Karabaj. Recién llegado de Armenia, hablamos con Javier Espinosa, que lleva más de 25 años recogiendo en sus crónicas muchas de las tragedias que siguen salpicando de dolor al planeta.