La patata nueva y con piel delgada es perfecta para hervir o usarla en ensaladas, la patata madura tiene la piel firme así que es la mejor para hornear, la patata vieja de piel gruesa y arrugada es ideal para purés y para hacer patatas fritas y, por último, la patata con brotes es mejor no comerla ya que es amarga y un poco tóxica.