Vídeo: REDACCION | Foto:Telemadrid
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Durante la época musulmana, la ciudad de Mayrit, que es como se llamaba a Madrid por aquel entonces, estaba rodeada por una imponente muralla. Junto a Daniel Gil-Benumeya, del Centro de Estudios sobre el Madrid Islámico (CEMI), visitamos el Parque del Emir Mohamed para descubrir de primera mano los restos que han perdurado de esta majestuosa construcción.

"Era el doble de alta de lo que vemos ahora y tiene una anchura considerable, de entre dos metros y medio y tres metros y medio", nos cuenta Daniel. Esta muralla se edificó siguiendo la técnica del 'aparejo cordobés', que también está presente en la Mezquita de Córdoba: se colocaban los sillares, que son cada uno de los bloques de piedra, alternados a 'soga y tizón'. Es decir, unos sillares se colocaban a lo largo y otros a lo ancho. "Es por eso que vemos unas piedras más largas y otras más cortas, aunque son todas del mismo tamaño".

Algo curioso de esta muralla es que combina bloques de caliza y de pedernal o sílex. "El sílex es la piedra con la que mejor se hace fuego". Precisamente, el antiguo lema de la ciudad surge a raíz de este material:

"Fui sobre agua edificada. Mis muros de fuego son"

"'Fui sobre agua edificada' porque en el subsuelo había bastantes arroyos y 'mis muros de fuego son' porque, cuando lanzaban flechas, estas provocaban chispas al chocar contra el sílex", nos descubre Daniel.

En la actualidad, los restos que quedan de la muralla tienen muchos remiendos y añadidos posteriores. "La muralla en la época medieval perdió su función, porque los cristianos construyeron otra muralla para rodear la ciudad, que había crecido", explica Daniel. La muralla islámica se reaprovechó para construir casas: "O bien se desmontó para hacer otras construcciones o bien se construyeron casas adosadas a la muralla".