Con la mano en la nuca, símbolo de tensión, duda e incomodidad. Los ojos que miran de un lado a otro. Más incomodidad y sonrisa nerviosa. Julián Alvarez lo sabía, era consciente. No era el momento adecuado para lanzar la bomba.
"Creo que no es momento para hablar de esto, pero tampoco puedo esconderme, trato de ser una persona honesta y he hablado con la gente del club con la que tenía que hablar", aseguró La Araña.
La cabeza agachada y la mirada evitando el contacto visual delatan su inseguridad y la culpabilidad: "Creo que lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir mi sueño". Para terminar huyendo de más preguntas incómodas.
Desde Barcelona le pidieron un gesto y ya lo tienen. Saltándose los códigos históricos de Argentina: no se habla de clubes cuando uno está con la Selección.
Unas declaraciones a destiempo, en una noche en la que falló un mano a mano más claro imposible. El Atlético de Madrid no tiene intención de ponerle las cosas fáciles a un Barça acostumbrado ya a desestructurar el vestuario rojiblanco. Ya sucedió con Griezmann.
Ahora el Atleti, estudia denunciar a los culés ante la FIFA por negociar con un jugador suyo. Mientras empiezan a arder las primeras camisetas de Julián Alvarez.