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En la España de principios del siglo XX, el acceso de las mujeres a la educación seguía siendo una excepción más que una norma. En ese contexto, la creación de la Residencia de Señoritas en la madrileña calle Fortuny supuso un punto de inflexión en el modelo formativo femenino y en la construcción de una sociedad más igualitaria.

El proyecto, liderado por la pedagoga María de Maeztu, nació en 1917 con un objetivo claro: facilitar que las mujeres pudieran estudiar en un entorno que promoviera su desarrollo intelectual y personal.

La Residencia de Estudiantes más famosa de Madrid

El modelo era innovador. Las jóvenes no solo contaban con alojamiento, sino que accedían a estudios universitarios o de secundaria, además de participar en actividades culturales y científicas. Frente a una educación limitada a las labores del hogar, la Residencia de Señoritas apostaba por una formación integral que incluía laboratorios, conferencias, poesía o educación física.

La iniciativa mantenía conexiones con la Institución Libre de Enseñanza, impulsada por Francisco Giner de los Ríos, que promovía principios avanzados para la época como el laicismo, la libertad de cátedra y el pensamiento crítico.