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Comienza el mes de Ramadán, el mes del ayuno, para los dos millones de musulmanes que viven en España, 300.000 en Madrid. Es el segundo en pandemia y se ve de nuevo condicionado por las medidas de seguridad. Las autoridades hacen un llamamiento para evitar aglomeraciones y reuniones masivas en los rezos y comidas nocturnas.

En Madrid, muchas familias musulmanas se preparan ya para esta celebración. El Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam, sirve de purificación espiritual y corporal, es un mes de reflexión y también de convivencia. Tras el ayuno en las horas diurnas, las familias se reúnen para realizar el iftar, la comida nocturna.

Así lo celebra una familia

Buenos Días Madrid ha estado con una familia de musulmanes que vive en Pozuelo, en la casa de Mohamed Malha, donde vive con su mujer, Fátima, y sus hijos de 14 y 18 años. Originario de Tánger, lleva 33 años viviendo en España.

La celebración del Ramadán es también reunión con la familia y “ahora ya nada, estamos en el segundo año y lo afrontamos como Dios manda, y hay que hacerlo bien, lo único que como estamos en pandemia tenemos que respetarlo, no podemos invitar a los familiares y no podemos ir a la Mezquita por la noche”, dice Mohamed Malha.

El ayuno y los rezos

“El Ramadán es un orgullo para los musulmanes –señala Mohamed Malha- y tenemos que estar no sólo en el ayuno sino también en los rezos, cinco veces al día, y leer el Corán. Empezamos el ayuno a las 6 de la mañana, me tengo que levantar a las 5 y tenemos que rezar un poquito antes y el segundo rezo sobre las dos y pico en la Mezquita y el tercero igual. El cuarto y el quinto por la noche no podemos hacerlo porque estamos en horario de toque de queda. Lo más importante es la salud y hay que respetarlo”.

Fátima afirma que “como no se puede, lo hacemos aquí en casa, en familia, lo hacemos igual pero en vez de en la Mezquita aquí en casa, estamos como en confinamiento”.

Mesa familiar preparada con manjares para cuando se rompe el ayuno al anochecer | TELEMADRID

En el Ramadán cuentan también las costumbres culinarias, que brillan a la puesta del sol, cuando el ayuno queda suspendido. Esta familia tiene ya preparados los manjares en la mesa. “Se hacen con mucho respeto y con esta costumbre vamos a seguir”, dice Fátima.

“A la hora de romper el ayuno hay que tener mucho cuidado porque mucha gente ve que la mesa está llena y si no va poco a poco puede dañar el estómago. Hay que comer menos y rezar mucho”, aconseja Malha.