Agapita recita un poema de vida a los pueblos tras el incendio: "Chapinería de mis amores, Navaluenga de mi corazón"
Esta vecina de Navaluenga lleva cuatro días lejos de casa acogida en el polideportivo de Villaviciosa de Odón
Los incendios que afectan a Madrid, Ávila y Toledo (el mayor siniestro forestal de la historia de España, con más de 77.000 hectáreas quemadas y 90.000 personas evacuadas) han obligado a miles de vecinos a abandonar sus hogares, como es el caso de Agapita, una mujer de Navaluenga.
Agapita, junto a otros vecinos de Chapinería, Navas del Rey y Pelayos de la Presa, han sido acogidos en el municipio de Villaviciosa de Odón, donde el Ayuntamiento, la Cruz Roja y la UME sostienen un dispositivo que no descansa.
Ella lleva tres noches y cuatro días evacuada en Villaviciosa, y aun así mantiene una serenidad que sorprende. "Aunque nos están tratando muy bien, en cierto modo da un poco de pena irse", comenta con una mezcla de gratitud y nostalgia.
Agapita y su marido se han convertido, como ella misma reconoce con humor, en "los abuelos de la colonia, todos están muy pendientes de nosotros".
La atención que reciben es constante: "Hay muy buen servicio de comida", explica. La familia viene a verles desde otros municipios y siempre les traen algo: "Viene familia de fuera a vernos y todos nos traen algo de comer".
Aun así, nos explica el momento del desalojo con claridad: "En Chapinería no veíamos fuego, el humo sí, mucho humo". Un vecino entró a avisarles: primero les dijeron que se confinaran, después que debían desalojar. "Cogimos lo puesto, la medicina y aquí estamos, nos han dado todo lo necesario".
Agapita es de Navaluenga, y su manera de hablar de los pueblos revela un vínculo profundo. "Yo soy optimista por naturaleza", afirma, y quizá por eso, incluso en medio de la incertidumbre, conserva una luz que no se apaga. Esa luz aparece también en el poema que nos ha recitado, hablando de su vida repartida entre dos lugares que ama:
"En dos pueblecitos tengo la vida bien repartida,
la mitad en Navaluenga y media en Chapinería.
Chapinería y Navaluenga son caminos paralelos,
uno me lleva a la gloria y el otro me conduce al cielo.
Y a la hora de elegir me hallo en un compromiso:
Chapinería es el edén, Navaluenga el paraíso.
Y si alguien me pregunta qué pueblo prefiero yo,
Chapinería de mis amores, Navaluenga de mi corazón".
En Villaviciosa de Odón, Agapita espera noticias mientras los servicios de extinción continúan trabajando sin descanso. Su poema, entre camas plegables y bandejas de comida, se ha convertido en una declaración de amor a los pueblos que la han visto vivir. Y también en un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, hay raíces que no se queman.
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