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(Actualizado

Otro mes de toros que se consume en Las Ventas. Ayer terminó San Isidro, una feria especial por su distinción. La idea del bombo marcó en un principio el serial, pero un inicio de temporada plagado de jóvenes ávidos de triunfo hizo olvidar la ocurrencia de Simón Casas. El casi rabo de Roca Rey en Sevilla y las cuatro orejas de Pablo Aguado en la Maestranza pusieron cara la feria. El peruano ha llenado en sus tres tardes y no ha sido triunfador de la feria por la espada. Una puerta grande y otra marrada con los aceros en su cita con Adolfo Martín. Entre medias, Miguel Ángel Perera, David de Miranda o Paco Ureña. Toreros en momentos distintos necesitados del triunfo. El público ha respondido en los días fuertes, pero el núcleo de la afición sigue perdiendo efectivos. Ocho "No hay billetes" y mucho cemento en días más flojos. Lógico, pero la tendencia es a la baja.

El último fin de semana deparó el triunfo de Paco Ureña. "Por fin", decía su picador Pedro Iturralde cuando atravesaba la puerta grande. Llegó esa salida a hombros que había acariciado el torero en tantas ocasiones. Lo hizo por la vía de la emoción y el ajuste. Un inicio de faena al sexto toro de Victoriano del Río quedará como uno de los detalles de la feria. El toreo al natural fue sublime, hasta que el diestro de Lorca entró en conexión con los tendidos. Se olvidó del toro y cruzó miradas con la que ya es su plaza en sentidos pases de pecho. Dos orejas de ley, aunque faltó esa sensación de rotundidad. Cuenta Ureña con el beneplácito de Las Ventas, bien se lo ha ganado. Aunque a veces cuesta entender por qué a unos sí y a otros no se le cantan o recriminan ciertas cosas. Merecía Paco el triunfo tras el percance de Albacete.

Esa puerta grande sumada a otras dos orejas sueltas le acreditan como triunfador de San Isidro. Triunfador numérico. En el recuerdo, una faena antológica de Antonio Ferrera, emborronada con otras dos tardes que no pasaron de aseadas. No obstante, siempre es interesante que exista el debate. Eso quiere decir que hay alternativas y que se ha visto torear bien. La faena de Miguel Ángel Perera el día 15 de mayo, el toreo cadencioso de Pablo Aguado con Montalvo, la rotundidad de Roca Rey con Parladé y Adolfo, la frescura de David de Miranda, la consolidación de Román, el temple de Aguado, la verdad de Diego Urdiales, el clasicismo de Emilio de Justo, la magia del Juli o la dignidad de Fernando Robleño. Casi en cada tarde se han visto cosas destacadas.

En el apartado ganadero, Adolfo Martín se ha coronado como mejor ganadería, pese al completo encierro de Santiago Domecq lidiado ayer. Los toros también tienen que tener suerte. La corrida de Albaserrada se dividió en dos actos. Uno, cutre y otro, extraordinario, con tres toros para salir a hombros. El trofeo a mejor astado se lo lleva Juan Pedro Domecq por el toro Despreciado, desorejado por David de Miranda. Español, de Adolfo, y Carasucia, de Valdellán, se habrán quedado cerca de él. Pero también Garabito I, Pijotero, Enviado, Maderero, Director, Bonito o Zambombo. Muchos nombres de toros que quedarán en la memoria.

Una feria que no apetecía lo más mínimo y que ha terminado por todo lo alto. En esta ocasión los animales han destacado por encima de los humanos, en líneas generales. Una feria sin figuras corre estos riesgos. Como cada San Isidro, un puñado de toreros salen lanzados de la feria y otros, terminan de acularse en tablas. Con el ganado pasa lo mismo, hierros que crecen y suman esperanzas y otros que no remontan el vuelo. Y de luces o con rizos, hay algunos que siguen y seguirán ahí pase lo que pase, que nunca termina de ser positivo. La ración tradicional de endogamia posmayo.

El próximo domingo, más toros. Se anuncia un encierro de Dolores Aguirre para Alberto Lamelas, Cristian Escribano y Gómez del Pilar. No habrá gritos por España ni danzarán felices los sumillers con nevera y polo rosa. El aspecto negativo de la feria, obviando los percances, ha sido la irrespetuosa e indignante actitud de un público ocasional disfrazado de no se sabe qué y dispuesto a ser el protagonista en detrimento del torero. Preocupante tendencia que amenaza con destruir la liturgia taurina tal y como la conocemos. Fuerza a los heridos y enhorabuena a todos los que han actuado en la feria.

Julio Martínez