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Existen varias fórmulas con las que cada vez más jubilados con vivienda en propiedad intentan ampliar su pensión o tener mayor liquidez monetizando su vivienda.

En la vivienda inversa, el pensionista vende su propiedad por un importe mayor porque después pasará a pagar un alquiler pactado que le suponga un beneficio. En el momento en que la persona fallece, la vivienda pasa directamente a ser propiedad de la entidad compradora, dejando sin opciones a los herederos.

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En la hipoteca inversa es el propio banco el que paga al jubilado una mensualidad según el valor de la vivienda y después los herederos tendrán que devolverlo con intereses, tras la venta de la vivienda.

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Según el experto inmobiliario Luis de Ulíbarri, cuya empresa realiza este tipo de contratos, "es obvio que hay una necesidad en los mayores de monetizar su vivienda, que es su principal ahorro, y que lo pueden necesitar en vida para poder disponer del dinero".

En el caso de la nuda propiedad, la empresa que va a comprar la vivienda va a tener en cuenta la edad del propietario y ofrecerá más dinero si es más mayor. Una persona menor de 69 años podría vender la nuda propiedad por un 75% del valor real, mientras que, si la persona tiene más de 90 años, pueden ofrecerle cerca del 95% del valor de tasación.

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"Estas operaciones son seguras. En la vivienda inversas, vendes y te quedas con un alquiler establecido, vitalicio, que no cambia. Si estás menos tiempo del pactado, se devolverá la parte no consumida", concluye Luis de Ulíbarri.