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De la misma forma que las temperaturas tórridas son cada vez más habituales, los fenómenos de DANA o lluvia extrema se producirán también con mayor frecuencia debido al avance del cambio climático. Los expertos destacan la importancia de preparar nuestras calles, plazas y edificios para ello.

El urbanismo y arquitectura sostenibles ofrecen soluciones en una doble dirección, reduciendo los efectos de los episodios de "gota fría" y mitigando los del calor durante los meses cálidos. El primer elemento sobre el que intervenir son nuestras calles. Los pavimentos y asfaltos permeables en zonas apropiadas favorecen el filtrado natural al subsuelo, evitando, además, su recalentamiento en verano. Esta medida debe acompañarse con la creación de canales de descarga de emergencia que absorban el exceso de caudal del alcantarillado para expulsarlo de las zonas de riesgo.

La ciudad de Madrid ya cuenta con auténticas "catedrales" de almacenamiento subterráneo: los eficaces pero poco conocidos estanques de tormentas. En este caso, no se trataría de acumular agua para su tratamiento y posterior reutilización, sino de desplazar el flujo hacia zonas seguras, una medida menos costosa -aunque cuantiosa igualmente- para cuya construcción será necesario un compromiso de las Administraciones con los municipios medianos y pequeños.

¿Cómo funcionan los tanques de tormentas en Madrid?

El aumento del arbolado y las zonas verdes también es una prioridad a la hora de impedir la escorrentía y la degradación del suelo. La masa vegetal favorece la absorción de lluvia, produce refugios climáticos naturales y disipa el calor en verano. De esta forma, combatimos también el efecto "isla de calor" que se produce cuando el pavimento o el asfalto expulsan en horario nocturno la radiación que acumulan durante el día.

Por último, debemos intervenir en los edificios. La construcción y el funcionamiento (climatización, ventilación, iluminación, suministro eléctrico) de viviendas, oficinas, equipamientos o centros comerciales produce el 38% de las emisiones de efecto invernadero. Aplicar la arquitectura bioclimática (soleamiento, ventilación natural, orientación) y el diseño pasivo (estanqueidad, aislamiento, hermeticidad, recuperación de calor) a cada uno de los edificios nuevos o en reforma puede rebajar su demanda de energía más de un 70%, lo que limitaría enormemente el consumo y, por lo tanto, las emisiones de CO2 que aceleran el cambio climático.

Este urbanismo táctico, hecho de una suma de soluciones pequeñas pero eficaces, nos permitirá crear un Madrid que resista mejor la gran próxima tormenta o la siguiente ola de calor. Está en nuestra mano afrontar la transformación paulatina de nuestras ciudades con una mirada a largo plazo que nos garantice mayores cotas de bienestar y seguridad. Sin alarmismo, pero con plena consciencia, seremos capaces de recuperar el confort urbano y de desarrollar ciudades sostenibles que respondan a las necesidades de todos los madrileños.

Sigfrido Herráez, del Colegio de Arquitectos de Madrid, explica que los técnicos y arquitectos deben "jugar a favor de la naturaleza en la ampliación de las ciudades", y recuerda que ciudades españolas como Vigo, donde hay mayor cantidad de precipitaciones, no sufre daños porque las rejillas que dirigen el agua son tres veces más grandes que otras ciudades. "No es imposible hacerlo sobre puntos negros en Madrid, donde se acumula agua de manera reiterada”, apunta Herráez.