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El meteorito Chelyabinsk, que colisionó con la Tierra el pasado mes de febrero, entró en la atmósfera terrestre a poco más de 19 kilómetros por segundo, un poco más rápido de lo que se había informado hasta ahora, según concluye un estudio dirigido por Olga Popova, de la Academia rusa de Ciencias, en Moscú, y por el astrónomo Peter Jenniskens, del Centro de Investigación Ames de la NASA y el Instituto SETI, en California, Estados Unidos, así como otros 57 investigadores de nueve países.

"Si la humanidad no quiere seguir el camino de los dinosaurios, tenemos que estudiar un evento como este en detalle", destacó Qing- Zhu Yin, profesor del Departamento de Ciencias Terrestres y Planetarias en la Universidad de California Davis y uno de los científicos que participó en esta investigación, cuyos resultados se publican este jueves en 'Science'.

Chelyabinsk pertenece al tipo más común de meteorito, una "condrita ordinaria", por lo que, tal y como expone Yin, si en el futuro se produjera un impacto catastrófico de un meteorito, su composición sería de este tipo.

En su conjunto, las mediciones confirmaron que el objeto Chelyabinsk era una condrita ordinaria, de 4.452 millones de años y que sufrió un impacto significativo unos 115 millones de años después de la formación del sistema solar hace 4.567 millones de años. Ese impacto fue en una fecha mucho más tardía que en otras condritas conocidas del mismo tipo, lo que sugiere una historia violenta, según Yin.

"Nuestro objetivo era comprender todas las circunstancias que dieron lugar a la onda de choque perjudicial que envió más de 1.200 personas a los hospitales en el área de Oblast ese día", señala Jenniskens. Los modelos de entrada de meteoroides (objetos originales) que utilizó el equipo mostraron que el impacto de Chelyabinsk fue causado por un único trozo del tamaño de 20 metros de roca que se fragmentó a 30 km de altitud.

El brillo del meteoro (la "estrella fugaz" que se ve en el cielo) llegó a su máximo a una altitud de 29,7 km ( 18,5 millas ) cuando el objeto explotó, de forma que para los observadores apareció brevemente más brillante que el Sol y provocó algunas quemaduras graves.

El equipo estima que alrededor de tres cuartas partes de los meteoritos se evaporan en ese punto y la mayor parte del resto se convierte en polvo, siendo sólo una pequeña fracción (menos de un 0,05 por ciento ) la que cae al suelo como meteoritos.

La pieza individual más grande, que pesa unos 650 kilogramos, se recuperó del fondo del lago Chebarkul en octubre por un equipo de la Universidad Federal de los Urales, dirigido por el profesor Viktor Grokhovsky. Las ondas de la explosión en el aire rompieron ventanas, sacudieron los edificios y causaron daños a unos 90 kilómetros a ambos lados de la trayectoria. El equipo demostró que la forma de la zona dañada podría explicarse por el hecho de que la energía se deposita sobre una gama de altitudes.

El objeto se rompió a una altitud de 30 kilometros por la enorme presión de entrar en la atmósfera a gran velocidad. La ruptura fue probablemente facilitada por la abundancia de "venas de choque" que pasan a través de la roca, causada por un impacto que se produjo cientos de millones de años atrás.

Jenniskens calcula que el objeto pudo haber sido por asteroides de la familia Flora en el cinturón de asteroides, pero el trozo que afectó a Chelyabinsk, aparentemente, no se rompió en el cinturón de asteroides en sí. Investigadores de la Universidad de Tokio y la Universidad de Waseda en Japón encontraron que la piedra había sido expuesta a los rayos cósmicos durante alrededor de 1,2 millones de años, un periodo inusualmente corto para las rocas originarias de la familia Flora.

Jenniskens especula que Chelyabinsk pertenecía a un "montón de escombros" de un asteroide más grande que se rompió hace 1,2 millones de años, posiblemente en un anterior encuentro cercano con la Tierra. El resto de los escombros aún podrían estar alrededor como parte de la población de asteroides cercanos a la Tierra, según Jenniskens.

"Chelyabinsk sirve como punto de calibración único para eventos de impacto de meteoritos de alta energía para nuestros futuros estudios -dijo Yin-. Se necesita tecnología para la detección temprana de estos objetos, como el Gran Telescopio para Rastreos Sinópticos, que actualmente está siendo desarrollado por un equipo internacional encabezado por el profesor de física J. Anthony Tyson, de la Universidad de California Davis".