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En una escuela a las afueras de Kigali, cientos de alumnos adolescentes aprenden sobre feminismo, respeto mutuo, finanzas y salud reproductiva como medios para erradicar la violencia de genero en Ruanda.

"Las víctimas de violencia de género son en su mayoría niñas y mujeres, pero encontrar soluciones a largo plazo implica sensibilizar a ambos sexos porque los dos son vulnerables", explica a Efe Providence Uwayo, oficial de campo para el sur de Ruanda de la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (YWCA).

Esta organización, junto a otras instituciones benéficas, es una de las encargadas de implementar en 174 institutos de Ruanda el proyecto de coeducación y formación feminista "Escuela Segura para Niñas" (SS4G, por sus siglas en inglés), financiado por la ONG CARE International.

En la escuela rural Groupe Scolaire Nyarusange, a 60 kilómetros de Kigali, cerca de 600 alumnos -en grupos separados por sexos- siguen atentos los ejercicios que les proponen sus mentores y los repiten cuidadosamente en una instalación al aire libre.

"Aprendemos a respetar a las chicas como seres iguales y a no herirlas física o psicológicamente, además de hacer un uso no sexista del lenguaje", detalla a Efe Jean Baptiste Ntiyibagirwabayo, de 16 años, y uno de los participantes de SS4G.

Enseñanzas que para muchos podrían parecer básicas, pero que en una sociedad como la ruandesa -con un pasado no muy lejano de genocidio y agresión contra la mujer como arma de guerra- todavía no están muy arraigas entre los más jóvenes.

Durante el genocidio de 1994, unas 500.000 mujeres fueron violadas en tan solo cien días de derramamiento de sangre, durante los que extremistas hutu mataron a unos 800.000 tutsis -el 70 % de las víctimas mortales- y a hutus moderados.

Por su parte, las adolescentes aprenden tanto a gestionar sus ahorros -para disminuir la dependencia económica del hombre- como nociones fundamentales sobre planificación reproductiva, con el fin de evitar embarazos prematuros que habitualmente significan la interrupción de sus estudios.

El problema de los embarazos en adolescentes

"Antes de iniciar este proyecto en 2016, teníamos una alta prevalencia de embarazos en adolescentes y la tasa de abandono escolar era muy alta. Estamos contentos porque se han reducido en gran medida", afirma Uwayo.

Además, los mentores les alientan también a adquirir con sus ahorros aves de corral o ganado de corta gestación como conejos, cerdos o cabras para después venderlos, ya que la pobreza es la causa fundamental de la violencia de género.

A Brigitte Nishimwe, de 16 años, SS4G le ha ayudado no solo a saber cómo evitar un embarazo precoz o enfermedades de transmisión sexual como el sida, sino también a ayudar económicamente a su familia a costear sus estudios.

"Cada alumno deposita semanalmente cien francos ruandeses en una cuenta grupal que solo recuperamos al final del curso", especifica Nishimwe, quien también cría conejos.

"Con ese dinero -añade la chica- puedo pagar algunas de los requisitos escolares cuando mis padres no pueden".

Padres, alumnos y maestros evalúan periódicamente el proyecto SS4G con la finalidad de identificar desafíos y soluciones y llevar ante el Gobierno aquellos problemas que no puedan ser resueltos en el ámbito escolar.

"El programa busca abordar la desigualdad y la alta tasa de deserción escolar causada por falta de motivación y tutoría, problemas familiares de género y conocimiento limitado de habilidades para el día a día", detalla el director de SS4G en CARE International en Ruanda, Sam Kalinda.

El objetivo último es conseguir que -gracias a este mayor apoyo social, económico y emocional- un total de 24.600 chicas y 19.800 chicos con escasos recursos de Ruanda puedan continuar sus estudios con cierta autonomía y alcanzar la educación superior.

"No podemos obtener una solución permanente a la violencia de género cuando los chicos no participan en el proceso, porque además de cometer actos de violencia también pueden ser víctimas", repite Uwayo.