Investigadores madrileños dan con una clave de la alopecia: la falta de una proteína
Esencial para la comunicación celular y activar la regeneración del pelo
Investigadores del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (centro mixto de la Universidad Autónoma de Madrid y el CSIC) y el IIS-Princesa ha identificado una función desconocida de la proteína señalizadora GRK2, con un papel fundamental en la caída del pelo.
El trabajo, liderado por Federico Mayor y Catalina Ribas y publicado en Journal of Investigative Dermatology, demuestra que la ausencia de esta proteína altera el ciclo normal del pelo, favorece la aparición de quistes asociados al folículo y conduce progresivamente a la pérdida de pelo en modelos de ratón.
El folículo piloso, explican los autores, es un pequeño órgano de la piel con una gran capacidad para renovarse durante toda la vida. Esa renovación depende de la comunicación entre las células madre del folículo, el entorno que las rodea, conocido como 'nicho', y la papila dérmica, una estructura situada en la base del folículo esencial para iniciar cada nuevo ciclo de crecimiento.
Un problema de comunicación
El trabajo muestra que la ausencia de la proteína GRK2 altera varios mecanismos esenciales de comunicación celular imprescindibles para activar el crecimiento del pelo. Como consecuencia, algunos folículos no progresan correctamente durante esta fase y generan estructuras quísticas que quedan desacopladas del ciclo normal del pelo.
Una de las principales aportaciones del estudio consiste en desvelar cómo estas estructuras quísticas pueden contribuir a la pérdida progresiva de pelo. Los quistes desplazan la papila dérmica lejos del nicho de células madre del folículo, interrumpiendo una comunicación esencial para iniciar nuevos ciclos de crecimiento.
Con el tiempo, esta alteración daña la arquitectura del nicho, extingue las células madre foliculares y compromete la regeneración del pelo.
Comprender distintos tipos de alopecia
La investigación ha encontrado que esas estructuras quísticas presentan cambios celulares y que son infiltradas por células inmunitarias durante el envejecimiento. Este proceso comparte algunas características con mecanismos descritos en humanos que presentan alopecias como la areata, una enfermedad autoinmune.
Aunque los resultados se han obtenido en ratones y no implican todavía una aplicación clínica directa, aportan una nueva perspectiva sobre los mecanismos que mantienen la salud del folículo piloso y ayudan a explicar cómo diferentes alteraciones pueden desembocar en la pérdida de pelo.
El trabajo, liderado desde el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la Universidad Autónoma de Madrid y el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario de La Princesa (IIS-Princesa), ha contado con la participación y colaboración de investigadores del CIEMAT y de la Universidad de Southampton (Reino Unido).
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