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España ha enviado hoy dos aviones para participar en las tareas de extinción del violento incendio que se declaró el miércoles en la región portuguesa del Algarve, donde dotaciones de los bomberos y Ejército lusos intentan controlar el fuego.

Según informó la Autoridad de Protección Civil lusa, en total trece medios aéreos están en la zona de Tavira y Sao Bras de Aportel, los dos consejos más afectados por el incendio.

Desde primeras horas del día, han sido enviados a la región cuatro helicópteros, dos aviones anfibios y otras dos naves, a los que a mitad de la mañana se unieron los equipos españoles en la lucha contra las llamas.

Las autoridades españoles ya habían enviado días anteriores un avión Canadiar, especialmente preparado para el combate de incendios.

Ante la gravedad de la situación, el Ejército luso, que suele actuar en este tipo de emergencias, mantiene sobre el terreno un total de 250 soldados y 30 vehículos especiales para la extinción del incendio.

"Todavía no hemos agotado nuestros recursos. Todavía tenemos recursos para desplegar si así fuera solicitado", señaló a medios lusos el portavoz del Ejército, Jorge Pedro.

Asimismo, continúan su trabajo en la región más de 700 bomberos y otros 30 agentes de la Guardia Nacional Republicana lusa (GNR).

El fuego ha arrasado gran parte de la vegetación de la Sierra Caldeirao, ha obligado al desalojo de decenas de personas en varias poblaciones, ha quemado cinco viviendas y ha causado seis heridos leves en el equipo de bomberos.

El incendio avanza con menos intensidad hacia el norte, hacia la región urbana de Sao Bras de Aportel, en un frente principal de unos 30 kilómetros, aunque también se han registrado algunos focos en la zona de matorrales, según informó hoy el diario "Público".

Las llamas obligaron hoy a continuar las evacuaciones en la localidad de Almargens, que empezaron el jueves y prosiguieron esta madrugada en Javali.

La ciudad de Sao Brás de Alportel, una de las urbes de mayor densidad de población de la zona, ha amanecido cubierta de ceniza y muchos de sus habitantes se han visto obligados a protegerse con mascarillas.