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FICHA DEL FESTEJO:

Cinco toros de Pedraza de Yeltes, bien presentados, a excepción del vareado primero, mansos y muy complicados, con la única salvedad del segundo, que tuvo un buen pitón derecho. El quinto fue un sobrero de José Vázquez, escurrido y sin raza.

- José Ignacio Uceda Leal: pinchazo, estocada corta y dos descabellos (silencio); y dos pinchazos, estocada baja, seis descabellos, nuevo pinchazo y nueve descabellos más (bronca tras dos avisos).

- Eduardo Gallo: estocada (silencio); y pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio tras aviso).

- David Mora: estocada ladeada (vuelta tras petición); y estocada caída y tres descabellos (silencio).

En cuadrillas, Félix Rodríguez se desmonteró tras banderillear al tercero. La plaza casi se llenó en tarde soleada y progresivamente fresca.

Los toros debutantes de Pedraza de Yeltes atraían, a priori, toda la atención de la tarde por lo bien que se había hablado de ellos en los mentideros taurinos. Pero, lejos de cumplir con las expectativas, no funcionó, ni por asomo, como se esperaba.

Una corrida con movilidad y muy malas ideas, 'mentirosa' como suele decirse, de las que hay que estar ahí para tratar de poderla y dominarla, y ni siquiera así acabó de 'entregar la cuchara' ninguno de los seis astados. Y si no que se lo digan a las cuadrillas, que menudo trago pasaron.

Uceda protagonizó posiblemente su peor tarde en mucho tiempo en Las Ventas. Un Uceda apático y desmotivado, como el guerrero que sale a la batalla sin munición ni ganas de disparar.

TOROS FLOJOS

Es verdad que ningunos de sus toros fueron lo que se dice claros, pero se echó de menos otra actitud, otro ánimo, el Uceda que siempre se espera en Madrid, sobre todo en el que abrió plaza, toro mansurrón, que marcó enseguida la querencia, y que llegó a propinar un tremendo volteretón a Gallo en un quite por chicuelinas.

Ese pasaje tuvo que amilanar a Uceda, pues, muleta en mano, no se puso ni una vez. Cierto es que el toro, ya está dicho, no fue propicio: embistiendo a oleadas, sin humillar y quedándose corto, pero tanta desconfianza tampoco fue de recibo.

Con el cuarto quiso algo más Uceda, pero éste, a diferencia del anterior, sí que fue complicado, toro de bruscas e informales embestidas, con el que no pudo hacerse con la situación. Y con la espada, su principal valedora, un desastre, otro argumento más para sentenciar que hoy no fue su día.

Tampoco anduvo a la altura Eduardo Gallo, torero seguro y capaz, que en las últimas comparecencias en Las Ventas sólo hay que anotarle el lunar de su mala espada, pero al que hoy se le vio desdibujado.

Su primero fue el único toro con opciones, pero sólo por el pitón derecho, con el que el salmantino, tras un arranque de faena muy solemne y una primera tanda a derechas de mucho temple y quietud, se perdió por completo, sin acertar desde entonces a tocar las teclas precisas a un toro que no cesó de engancharle los engaños, por lo que aquello acabó diluyéndose por completo.

Y algo parecido con el sobrero de José Vázquez que hizo quinto, un animal mansísimo en los primeros tercios, pero que se movió en la muleta, aún sin "transmitir" nada. Gallo volvió a mostrarse intermitente, a veces bien, otras no, a veces pegaba uno, otras se dejaba enganchar, por lo que, nuevamente, la faena se perdió en el limbo.

David Mora, por su parte, fue el único que puso argumento a la tarde por la actitud que se echó en falta en los compañeros y, sobre todo, por aptitud.

A su primero lo toreó con elegancia a la verónica y en chicuelinas al paso para poner en suerte. El toro, anodino en los dos primeros tercios, tuvo tanto "motor" en la muleta como poca franqueza, y, para colmo, acabaría rajándose en cuanto se vio domeñado.

El mérito de Mora fue que no se arrugó, que puso toda la carne en el asador para exprimirlo al máximo, incluso en un epílogo al hilo de las tablas, casi sin espacio, donde el madrileño se la jugó para al menos justificarse. Así, si. Dio una merecida vuelta al ruedo, premio al esfuerzo para no dejarse ganar la pelea.

El sexto, por su parte, fue una "prenda", todo violento y que se venía al cuerpo de un Mora que, pese a ser volteado, lo intentó hasta darse cuenta de que lo único que podía llevarse era una cornada, de la que, milagrosamente, se salvó.