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El expresidente de la Generalitat Artur Mas, miembro habitual de las reuniones en las que se debatía el proceso independentista de Cataluña, ha comparecido este miércoles en el juicio del 'procés', señalando que siempre escuchó "la voluntad" del Govern de pactar el referéndum, pero que "ante la imposibilidad de diálogo, no se decidió parar máquinas".

Tras apelar continuamente a la "experiencia" de la consulta del 9 de noviembre de 2014, por la que está inhabilitado hasta febrero de 2020, Mas ha explicado que su Govern tenía más vinculación con el 9N que el que lideró Carles Puigdemont con el 1-O, donde el protagonismo de la sociedad civil fue "determinante".

Una convocatoria que suponía una "alteración de la hoja de ruta" y sobre la que se permitió la "licencia" de aconsejar a Puigdemont que no abandonase nunca "la capacidad de convocar elecciones" porque "ahí es" donde la Generalitat "tiene la capacidad de control".

Aunque se intentó que el resultado obtenido aquel día "fuera vinculante desde un punto de vista jurídico" -ha proseguido Mas- "no se consiguió", aunque ha matizado que tras el 1-O "hubo una declaración de independencia en el Parlamento catalán", a diferencia del 9N.

"El Estado tenía instrumentos suficientes para, desde un punto de visto jurídico, desnaturalizar el referéndum"

El expresident, que ha dejado claro que si se echó a un lado en la presidencia del Govern fue porque quiso, ha asegurado que nunca se planteó un "escenario" de movilizaciones permanentes en las calles por el "riesgo" de violencia que podía comportar, sobre todo después del 1-O, donde el Estado actuó de manera "poco inteligente" al mandar a "las fuerzas de orden público para intervenir". "El Estado tenía instrumentos suficientes para, desde un punto de visto jurídico, desnaturalizar el referéndum (...) No pensaba que iba a ser tan poco inteligente. Me equivoqué", ha precisado Mas, que se ha sometido a las preguntas del que fuese su mano derecha, Francesc Homs, también condenado el 9N.

Joan Tardá

Antes, el diputado de ERC Joan Tardá ha asegurado que lo que sucedió el 20 de septiembre de 2017 en la Consellería de Economía fue una concentración "absolutamente espontánea", pacífica y sin violencia pues "ni la unidad de España ni la independencia de Cataluña valen una mínima violencia".

Tardá fue el primer testigo en comparecer ante el tribunal a petición de la acusación popular que ejerce Vox, que ha debutado en el juicio una vez que todos los acusados se negaron en los interrogatorios a responder sus preguntas, y de la defensa del presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart.

"Este juicio es una venganza"

Nada más comenzar, Tardá, que lucía un lazo amarillo y ha sido advertido de que no tenía derecho a declarar en catalán, ha manifestado que "este juicio es una venganza", momento en el que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, le ha recordado que los testigos no pueden emitir valoraciones, sino ceñirse a los hechos.

Respecto al 20 de septiembre de 2017, el diputado ha contado que se dirigía al hospital porque estaba de baja por una fractura en un brazo cuando se enteró por la radio de lo que estaba ocurriendo en la sede de Economía, de manera que decidió acercarse y participar pese a que "tenía el húmero roto y mucho dolor". "El 20S fue absolutamente espontáneo pero sin ningún escenario de tensión", ha dicho Tardá, que pronunció un discurso a la gente que estaba en Economía a los que conminó a no caer en ninguna provocación y evitar cualquier violencia.

"No me sentí violentado por nadie ni que nadie me violentara, ni las personas que estuvieron a mi lado estuvieran tensas"

Y ha añadido: "No me sentí violentado por nadie ni que nadie me violentara, ni las personas que estuvieron a mi lado estuvieran tensas". Para Tardá, a quien la Fiscalía no ha preguntado, aquello "no era un escenario de tensión, más bien de una indignación de estar viviendo una situación absolutamente anómala" y, desde su punto de vista, "inmerecida".

Respecto al referéndum del 1-O, que ha calificado como uno de los momentos "más emotivos" de su vida, Tardá ha criticado que la entonces diputada del PSOE y actual ministra de Defensa, Margarita Robles, presentara una interpelación en el Congreso para "reprobar la represión" contra el referéndum y la retirara después del discurso del 3 de octubre el rey Felipe VI que la "legitimaba". Según Tardà, con la iniciativa del PSOE "queda claro que la sorpresa y la indignación" por la intervención policial del 1-O "no solo afectaba a quienes lo habíamos vivido física y directamente sino a cualquier demócrata, incluso a personas tan alejadas de nuestras tesis como Robles".