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Raúl Alvarez, el asesino confeso de su ex pareja Adolfina Puello y la hija de ésta, Angelys, de nueve años, siguió haciendo vida normal tras acabar con la vida de ambas sin dar muestras de dolor, nerviosismo o arrepentimiento alguno, según han informado a Europa Press fuentes de su entorno ante los que argumentó que había roto con la mujer y había vuelto a casa de sus padres.

De hecho siguió viéndose con sus amistades habituales ante los que mantenía una actitud normal, indican estas fuentes para las que la detención de este joven ha supuesto una sorpresa ya que no se esperaban que pudiese llevar a cabo una acción de este tipo.

Ambas fallecidas eran dominicanas. La menor era fruto de una relación anterior de Adolfina Puello con un hombre que falleció también trágicamente en República Dominicana. Fue la abuela paterna, residente en España, la que denunció la desaparición de ambas el pasado 30 de junio.

Adolfina tenía pensado tomar un vuelo a su país, pero no llegó ni a coger sus maletas de casa. Raúl Alvarez tenía desde hace tres años una relación sentimental con ella y pasaba buena parte del tiempo en la casa de Adolfina, situada en la calle Sancho Panza del barrio madrileño de Vallecas.

La magistrada titular de Juzgado de Instrucción número 9 de Madrid acordó ayer miércoles prisión provisional comunicada y sin fianza para Raúl Alvarez, un día después de que la Policía encontrase los cadáveres de sus víctimas en un pozo del pequeño municipio de San Vicente de la Cabeza (Zamora). Los restos mortales fueron trasladados al Anatómico Forense de la capital zamorana.

LA MENTIRA QUE LE DELATO

Raúl Alvarez trató de engañar a la Policía durante la investigación, pero los agentes detectaron las contradicciones en su discurso, lo que permitió dar con los restos de las dos víctimas.

El arrestado prestó declaración en dos ocasiones ante los agentes de la Policía Nacional. Según han informado a Europa Press fuentes conocedoras del caso, por medio de instrumentos tecnológicos los investigadores detectaron la pista del ahora detenido y las dos víctimas el 30 de junio a la altura de Avila, de camino al norte. A partir de ahí se les perdió el rastro.

Durante el interrogatorio policial los agentes le preguntaron hacía dónde iba aquel día y Raúl Alvarez afirmó que iba a visitar a sus padres a la casa que tienen en el pequeño pueblo zamorano de San Vicente de la Cabeza. Se trata de un municipio cercano a la frontera con Portugal que no llega a 500 habitantes.

LOS PADRES ESTABAN EN MADRID

No obstante, a la Policía no le convencieron las explicaciones del que entonces tan sólo era la pareja de la mujer dominicana. Los investigadores comprobaron que los padres del asesino que deberían haber recibido la visita de su hijo estaban en Madrid en esas fechas.

Esta y otras contradicciones permitieron seguir avanzando en la investigación hasta que Raúl Alvarez fue detenido y terminó confesando el crimen, pero continuaron las mentiras a la hora de explicar dónde se encontraba su ex pareja y su hija de ésta.

"Trató de engañar a los agentes como en el caso de Marta del Castillo", relata a Europa Press un mando policial conocedor de la investigación. Y es que el detenido aseguró a la Policía que había enterrado los cuerpos en la Dehesa de la Villa, en Madrid.

TRATO DE ALQUILAR UN TRASTERO

La Policía llegó a buscar el lunes sin éxito en esa zona. Para entonces los agentes ya habían activado una segunda línea de investigación que les llevaba a Zamora, el lugar en el que el arrestado dijo que estuvo aquel 30 de junio. Finalmente ha sido en San Vicente de la Cabeza donde han encontrado los restos mortales de las dos víctimas en el interior de un pozo.

El asesino confeso llegó incluso a hacer gestiones para tratar de alquilar un trastero y se quedó con el teléfono móvil de la fallecida, siempre según las fuentes consultadas. Los especialistas de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta tratan ahora de esclarecer el momento exacto en el que se produjo el asesinato y cuáles fueron las razones que le llevaron a ello.