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Una vez que los peritos han declarado que había sangre de las víctimas en la picadora, este martes cuatro guardias civiles han contado al tribunal en qué estado encontraron la máquina y las armas que hallaron en la casa del acusado.

La imagen de la picadora estremece por sí sola. Los agentes hallaron en ella sangre y restos orgánicos de ambas víctimas. No pudo tratarse de un accidente doméstico, los guardias civiles aseguran que los restos encontrados eran de una entidad suficiente para tratarse de un crimen. Y no solo en la picadora, la sangre de Adriana, apareció también en 5 cuchillos y un hacha.

Además, en el ordenador del acusado se realizaron búsquedas sobre cómo triturar huesos con una picadora industrial.

Los agentes que realizaron los registros quedaron sorprendidos con la gran cantidad de armas que había en la vivienda: un rifle, dos pistolas, un silenciador, un chaleco antibalas, casquillos. La gran mayoría sin licencia y sin utilizar.

En la sesión de este martes, un experto de la Guardia Civil ha declarado que la supuesta firma y letra de Liria, la tía del acusado, en el contrato de empadronamiento habían sido falsificadas por Bruno. Así como la carta la carta al gerente de Adriana en la que decía que no volvería a su trabajo.

FALSEÓ LA FIRMA DE SU TÍA

Un experto en grafística ha declarado hoy en el juicio que las firmas de la tía del presunto descuartizador de Majadahonda, desaparecida desde 2010, presentes en un contrato de alquiler y un certificado de empadronamiento para la cesión de su casa fueron falsificadas por el acusado. Lo ha explicado en una nueva sesión en la Audiencia Provincial de Madrid de la vista oral que juzga a Bruno H.V., acusado de los asesinatos de su tía Liria y de su inquilina Adriana, desaparecida en 2015, además de un delito de falsedad documental, otro de estafa y otro de tenencia ilícita de armas.

Según ha explicado el perito, del departamento de Grafística de la Guardia Civil, "la escritura y las firmas" de Liria presentes en en un contrato de alquiler y un certificado de empadronamiento autorizando al uso de su vivienda de Majadahonda "habían sido falsificadas" y "se podían atribuir a Bruno". De acuerdo al experto, la firma de la tía parecía haber sido "calcada" de la presente en su DNI, del que se encontraron diversas fotografías en un móvil del acusado.

También se ha determinado que Bruno fue el autor de una nota manuscrita y rota hallada en los registros en la que se leía "Al gerente o encargado de Adriana", la misma frase que había en una carta mecanografiada de despido encontrada en el lugar de trabajo de Adriana poco después de su desaparición.

Otros peritos presentes en la vista de hoy, miembros del departamento de Balística de la Guardia Civil, han explicado que las diferentes armas que poseía el acusado "no eran legales", a excepción de un rifle, para el que tenía licencia.

El resto, dos pistolas con el cañón inutilizado y dos cañones para sustituir los inutilizados de las pistolas, no tenían licencias, como tampoco la tenía un silenciador que, han explicado los peritos, "es un arma prohibida".

LA PICADORA TENÍA SANGRE DE LAS DOS DESAPARECIDAS

Dos peritos han explicado en el juicio contra el presunto descuartizador de Majadahonda que en el interior y en el exterior de la picadora industrial, hallada en el sótano de su vivienda, se encontró sangre y restos orgánicos de su tía Liria y de su inquilina Adriana, a las que supuestamente mató.

Lo han detallado en una nueva sesión de la vista oral que se celebra en la Audiencia Provincial contra Bruno H.V., acusado de los asesinatos de las dos mujeres, y para quien la fiscalía pide 30 años de internamiento en un centro psiquiátrico ante la esquizofrenia paranoide que le ha sido diagnosticada.

Los peritos, miembros del departamento de Biología del servicio de Criminalística de la Guardia Civil, han narrado que se encontraron "muchos restos" de Adriana en las muestras recogidas en los dos registros de la vivienda de Majadahonda.

En concreto, hallaron sangre de la inquilina, desaparecida en 2015, en cinco cuchillos y un hacha que había en el sótano. También encontraron restos de Liria, tía del acusado desaparecida en 2010, en una parte interna de la máquina picadora y en una sierra circular en la que también había sangre de la inquilina Adriana.

Ambos peritos han explicado que los restos hallados en la máquina picadora eran "de una entidad suficiente" para llevarles a pensar que no se trataba de "algo casual" como "un pequeño corte".

Los cuerpos de las dos mujeres desaparecidas se buscaron, sin resultado, en el vertedero de Pinto durante seis meses después de la información de un testigo que declaró haber visto a un hombre cerca de la vivienda de Majadahonda repartiendo "bolsas grandes de basura" en diferentes contenedores.

También se detectó, como han declarado los mismos peritos, ADN del acusado en la carta encontrada en el lugar de trabajo de Adriana poco después de su desaparición en la que se despedía del mismo y aseguraba que no volvería, que al parecer escribió el propio acusado haciéndose pasar por su víctima para ocultar el crimen.

Además, dos guardias civiles han expresado que la máquina picadora del acusado podía "triturar el hueso con facilidad" tras hacer un peritaje con el mismo modelo de máquina y restos de cerdo.

Otros dos peritos han declarado que en diferentes ordenadores del acusado se encontraron imágenes de "pozos, crematorios y máquinas trituradoras", así como documentos sobre "legislación funeraria".