Café Gijón | Telemadrid
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Hablar de cafés históricos de Madrid y de sus tertulias puede parecer revolucionario y hasta anárquico, cuando no anacrónico, en los tiempos en los que debatimos sobre la llegada de las terrazas y las consumiciones cronometradas a los establecimientos de hostelería.

Pero, no hace muchos años, la capital de España era conocida por albergar decenas de lugares de encuentro y de reunión donde la gente socializaba, polemizaba o intercambiaba opiniones y conocimientos de forma, generalmente, civilizada, antes de que aparecieran las redes sociales.

Uno de esos lugares, verdaderas ágoras cubiertas de la cosa pública, eran los cafés. Herederos privilegiados de los mentideros madrileños y sucesores directos de las antiguas botillerías, los cafés nacen en Madrid a principios del siglo XIX y se extienden muy vinculados a las ideas ilustradas, casi medio siglo después de su proliferación en Europa principalmente en Austria, centroeuropa y París.

Su influencia, sobre todo en el ámbito cultural, fue tan importante que no se entendería el trasiego de ideas artísticas y literarias de los siglos XIX y XX sin su concurso, hasta el punto que Josep Pla llegó a decir que “el hombre, además de hijo de sus obras, es un poco hijo del café de su tiempo”.

Muchos fueron, otros siguen siendo y desde luego, siempre se podrá discutir sobre la elección pero, por motivos personales, me centraré en tres que aún hoy subsisten.

CAFÉ GIJÓN

El primero de ellos, y quizás más afamado en la actualidad es el ‘Café Gijón’, verdadero epicentro de la cultura, templo de la tertulia y segundo hogar, sino primero, de tantos literatos, actores, gentes del espectáculo y grandes de la patria.

Su fachada de mármol y madera del 21 del paseo de Recoletos, en el tramo comprendido entre Colón y Cibeles, nos es tan familiar a los madrileños como las propias estatuas que presiden estas plazas y no es ninguna exageración.

Escenario de la Noche de los Libros | Archivo

Sus tres grandes ventanales se asoman desde 15 de mayo de 1888 a la vida de la urbe, como testigo privilegiado de su vida social y cultural. Fue un empresario asturiano, Gumersindo García, quien lo fundó, bautizando su negocio con el nombre de su ciudad natal.

Sus mesas de mármol negro y su suelo de baldosas ajedrezadas de color blanco y marrón han visto pasar, entre terciopelo rojo y apliques dorados, a glorias de la patria como Benito Pérez Galdós, Santiago Ramón y Cajal, Ramón María del Valle-Inclán, Rubén Darío o Federico García Lorca, por citar solo cinco.

Pero la lista sería interminable. Por allí han coincidido, Salvador Dalí y Luis Buñuel. Antonio Buero Vallejo, Gerardo Diego, Francisco Umbral o Paco Rabal. Su sótano, conocido por los más adeptos como “la cripta” y su terraza, más reciente, han acogido a personajes de todo tipo, desde presidentes del Gobierno como José Canalejas, pintores como Julio Romero de Torres, actores como Alain Delon o Burt Lancaster, glorias patrias como Celia Gámez o espías como la mismísima Mata Hari.

El mítico Café Gijón, lugar de encuentro

Autores de varias generaciones como la del 98 o la del 27 han pasado por sus mesas, que han visto como Fernando Fernán Gómez y sus compañeros de tertulia fundaban un premio de novela corta con el nombre de ‘Café Gijón’ o como el escritor Camilo José Cela, otro asiduo del lugar, hacía de extra en el rodaje de la película basada en su novela ‘La Colmena’.

Es en esa misma novela donde se relata una de las anécdotas más hilarantes de estos cafés: la de los contertulios en la época de nuestra postguerra que descubren al tacto, con estupor, que la mesa de mármol sobre la que comparten café con media tostada es, en realidad, una lápida de cementerio invertida.

CAFÉ COMERCIAL

La anécdota, al parecer tiene su base histórica relacionada con el empresario Antonio Toledano que, en los años 40 del siglo pasado, hizo negocio con la compra-venta de lápidas de mármol para su utilización en mesas y veladores de negocios de hostelería, ante la escasez de material en la postguerra. Y es que el “reciclado” del material, no siempre se hacía con las debidas garantías para borrar las inscripciones o epitafios previos.

La memorable escena de ‘La Colmena’ tiene relación directa con el segundo de nuestros protagonistas: el ‘Café Comercial’, según relataba la periodista Marina Castaño, compañera de los últimos años de Camilo José Cela, que, al parecer, también era, como muchos, contertulio del local ubicado en la glorieta de Bilbao esquina con la calle Fuencarral.

Fundado el 21 de marzo de 1887 por el empresario Antonio Gómez Fernández, ha contado entre sus habituales a los mismísimos hermanos Machados, Antonio y Manuel, vecinos de la zona, a Enrique Jardiel Poncela, Blas de Otero, Gabriel Celaya o en tiempos más recientes, a Edgar Neville, Gloria Fuertes o Alfonso Paso.

Café Comercial | Emision

El Comercial siempre contó con algunas notas distintivas. Su animada terraza vigilada por un kiosco de prensa, otra gran institución recientemente finada, o sus conciertos puntuales, de cuerda, piano, violín o cello en su salón en los cuales se pudo escuchar, entre otros, a Pablo Sorozábal.

Sus puertas giratorias y sus inconfundibles columnas, son marcas distintivas de un salón en el que según se dice, se sirvieron los primeros “platos combinados” de Madrid.

Y es que el ‘Café Comercial’ innovó, creando un club de ajedrez en su primera planta, junto a su gran mesa de billar instalada, a inicios del siglo XX, por su entonces propietario Arturo Sepúlveda Contreras.

Un repaso a la historia del Café Comercial

Con los años y los cambios sociales, las dificultades crecieron, e incluso en esa primera planta del Comercial se llegaron a instalar ordenadores con acceso a Internet a comienzos del nuevo siglo, lo que no fue óbice para que en 2015 cerrara sus puertas, reabriendo nuevamente en 2017, una vez reformado.

CAFÉ VIENA

El tercero de nuestros protagonistas, no es de los más antiguos y posiblemente tampoco de los más afamados, pero también tiene su historia. Se trata de ‘Cafe Viena’, ubicado en la calle de Luisa Fernanda 23, esquina a Juan Álvarez Mendizábal, en pleno barrio de Argüelles.

Nace en 1928, de la mano de Manuel Lence, un empresario llegado de Galicia, tío abuelo de Antonio Lence, actual director general del grupo Viena Capellanes. Y es que, para comprender su historia hay que remontarse hasta 1873, cuando Matías Lacasa, tras patentar el pan de Viena, puso en marcha una tahona en el viejo edificio de Capellanes, en la calle Maestro Victoria, esquina con La Misericordia.

Al morir sin descendencia, en 1928 dejó su negocio en manos de los sobrinos de su mujer. Se trataba de los hermanos Baroja, Pío y Ricardo, que se pusieron al frente de la tahona en tanto consolidaban sus respectivas carreras de escritor, el primero, y pintor, el segundo.

Pasados los años y centrados en sus quehaceres artísticos, los hermanos Baroja dejaron el negocio en manos del ya citado Manuel Lence que será quien decida abrir el ‘Café Viena’ entre cuyos clientes, como es lógico, no podían faltar los propios hermanos que además eran vecinos de la zona.

Pío Baroja y su pasado en Viena Capellanes

Se cuenta que como el Café estaba algo alejado del centro, la empresa convino con los coches de caballo para acercar a los comensales y clientes desde la Puerta del Sol, a cambio de que el cochero comiera o cenara gratis a costa del local.

En los años 30 del pasado siglo, el ‘Café Viena’ fue escenario de numerosas tertulias políticas, hasta el punto de que, coincidiendo con las primeras elecciones en que votaron en España las mujeres -las legislativas del 19 de noviembre de 1933- se preparó un menú especial para la fecha al precio de 5 pesetas con 25 céntimos que incluía solomillo, tortilla, además de postre, vino y pan de Viena.

El ‘Café Viena’ además fue adelantado a su tiempo con la comida vegetariana, no solo porque Manuel Lence era un vegetariano convencido sino por ser sede de la Sociedad Vegetariana Madrileña, gracias a la amistad que le unía con el médico y naturista, Casiano Ruiz Ibarra, presidente de la misma.

Café Viena | @VienaCapellanes

Muy próximo al cuartel de la Montaña (ubicado entonces en donde hoy se encuentran los jardines del Templo de Debod en la calle Ferraz de Madrid), en el año 1936, los milicianos ocupaban sus mesas en los descansos de la batalla contra los sublevados del acuartelamiento militar.

Músicos y cineastas han compartido espacios en sus salones, donde un piano animaba veladas en las que también se cantaba zarzuela o arias de ópera.

Allí también, Luis Buñuel rodó una escena de ‘Tristana’ que despertó gran expectación entre el vecindario por la presencia de la actriz francesa Catherine Deneuve.

Entre los habituales, Juan Antonio Bardem, Luis Buñuel o Luis Miguel Dominguín, entre otros.

Eran tiempos diferentes. Como recuerda Antonio Lence, actual director general del grupo Viena Capellanes, “antes la gente buscaba calefacción en los cafés y ahora buscan el wifi”.

LA PECERA DEL CÍRCULO Y OTRAS ANÉCDOTAS

Afortunadamente, no son los únicos supervivientes, baste recordar el ‘Café de Oriente’ o el ‘Café del Círculo de Bellas Artes’, inaugurado en 1926 en los bajos del edificio de Antonio Palacios en la calle Alcalá, 42.

Conocido como ‘la pecera’ por sus grandes ventanales que permiten ver la vida de la gran ciudad a través de un cristal, dicen las malas lenguas, que el sobrenombre en realidad se debía a que, desde la calle se veía a los socios de edad más bien provecta, dormitando con la boca abierta al modo de los peces.

Interior del Café del Círculo de Bellas Artes | @Madrid Turismo

Bromas aparte, el lugar sigue siendo un lugar de referencia, y no solamente por la posibilidad que ofrece el edificio de acceder a su privilegiado mirador en la terraza sino por su salón marcado por sus columnas neoclásicas y su escultura yacente de ‘El salto de Léucade’ de Moisés Huerta, bajo la iluminación cenital de la gran lámpara de cristal en forma de barca invertida.

Sólo son algunos ejemplos de los que fueron, pero la lista de bajas es larga…

Baste solo como recuerdo, algunos de los que dejaron de ser. Como el ‘Café Pombo’ en el número 4 de la calle Carretas, muy cerca de la Puerta del Sol, donde coincidieron José Ortega y Gasset y Ramón Gómez de la Serna, cuya tertulia inmortalizó el pintor José Gutiérrez Solana en su cuadro.

'La tertulia del Café Pombo' de José Gutiérrez Solana (Museo Reina Sofía) | @Museo Reina Sofía

El ‘Café Fornos’, abierto en 1870, en la calle Alcalá esquina con Virgen de los Peligros, donde se reunían los integrantes de la generación del 98 y los regeneracionistas, tras la pérdida “para las Españas” de Cuba, Filipinas y Puerto Rico.

Muy próximo a él, se encontraba el ‘Café Suizo’, abierto en junio de 1845, en la calle Alcalá esquina con la calle Sevilla, por Pedro Fanconi y Francisco Matossi, dos súbditos de la Confederación, de ahí su nombre, que abrieron cafeterías similares en otras ciudades como Bilbao, Zaragoza, Burgos o Santander. Allí compartían tertulia los hermanos Bécquer y, como curiosidad, disponía de un ‘salón blanco’ reservado exclusivamente para las damas.

Anterior a este, el inolvidable ‘Café del Príncipe’ (1807-1849), situado en la calle del mismo nombre junto al Teatro Español, del que finalmente sería su víctima por ampliación. Acogía entre sus paredes a lo más granado del romanticismo español de la época: José de Espronceda, Mariano José de Larra o el cronista de la villa, Mesonero Romanos.

También en la calle del Príncipe, en el número 1, junto al Teatro de la Comedia, se encontraba entre 1904 y 1956, ‘El Gato Negro’, de estilo modernista, cobijaba a personajes como los hermanos Álvarez Quintero, Carlos Arniches o Pedro Muñóz Seca al tiempo que alojaba la tertulia de Jacinto Benavente.

Sin olvidar ‘La Fontana de Oro’, al comienzo de la Carrera de San Jerónimo, inmortalizada por Benito Pérez Galdós en su novela homónima y que, durante los años de trienio liberal, fue sede de la sociedad patriótica España Liberal.

La Fontana de Oro | Emisión Telemadrid

Por último, difícil de olvidar el ‘Café Lion’ (1931-1993), en la calle Alcalá 57-59, entre Cibeles y la Puerta de Alcalá, frente al entonces Palacio de Correos, hoy sede del Ayuntamiento de Madrid. Auténtico refugio de bohemios y políticos vivió su periodo de apogeo durante la Segunda República española.

Un lugar en el que convivían, en su planta baja, Manuel Azaña o José Bergamín, mientras en su sótano, conocido como ‘La Ballena alegre’, en honor de los frescos de sus paredes y del velero colgante del techo, se reunían en una de sus mesas el fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera con Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Dionisio Ridruejo o Agustín de Foxá, mientras a pocos metros lo hacía Federico García Lorca con otros miembros de la Residencia de Estudiantes como Pepín Bello o Gabriel Celaya.

Terminada la guerra civil, el café viviría un nuevo renacer con la presencia de personajes como José María de Cossío, Manuel Machado, Rafael Penagos, Francisco Ayala, Ignacio Zuloaga o Dionisio Ridruejo hasta en los años 90 del siglo pasado.