Anderson Romero muestra uno de los cuadros pintados en Las Rozas | EFE
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"Me enfrento a mí todos los días y, de momento, estoy ganando", confiesa en una entrevista con EFE Anderson Romero, artista plástico que ha decidido vivir en la calle mientras persigue su objetivo de pintar un cuadro de cada uno de los 179 municipios de la Comunidad de Madrid.

Con 27 años, originario de Cali (Colombia) y residente en España desde hace siete años, Romero enmarca su decisión de vivir en la calle hasta completar su proyecto como una "deuda personal" consigo mismo.

"Necesito demostrarme que puedo terminar cosas, que puedo soportar cualquier adversidad y que puedo dar mi vida desinteresadamente por lo que quiero. No tengo nada que perder si lo hago por mí", explica en sus redes sociales, donde ha dado a conocer su proyecto. .

El artista reconoce que esta decisión responde a una necesidad interna más profunda, como es su dificultad para cerrar etapas."Me cuesta mucho terminar lo que empiezo y este proyecto es una forma de obligarme a acabar algo importante", señala.

El artista Anderson Romero pinta, bajo la lluvia, un cuadro en Las Rozas | EFE

SOROLLA: LA SEÑAL

El proyecto nació hace casi tres años en un momento personal complejo tras una ruptura sentimental que, según relata, le dejó en una situación emocional de bloqueo.

Durante aquella etapa comenzó a acudir con frecuencia a museos y un día visitó una muestra en el Museo Sorolla titulada 'Viajar para pintar', centrada en los desplazamientos del pintor valenciano por distintas regiones de España, y participó en un concurso por redes sociales vinculado a esa exposición.

"Ese día estaba bastante mal mentalmente y le pedí a la vida que me diera una señal de qué tenía que hacer y al poco tiempo gané el concurso y lo tomé como una señal", detalla.

A partir de ese momento comenzó a estructurar un proyecto que inicialmente contemplaba recorrer y pintar toda España, pero que finalmente arrancó hace un año en la Comunidad de Madrid por motivos logísticos.

EN CONSTANTE PLANIFICACIÓN

Hasta ahora ya ha recorrido y pintado 85 municipios, 50 en el último mes, y la planificación del itinerario se basa muchas veces en decisiones improvisadas que combinan cálculo de distancias y condiciones climáticas.

"Normalmente me muevo con mi moto en forma de serpiente entre un municipio y otro", señala Romero. "Para dormir intento buscar un sitio donde haya la menor cantidad de personas posible, aunque últimamente me escriben muchas personas ofreciéndome su casa. Si no es para dormir, es un sitio para comer o para cargar el teléfono", confiesa agradecido.

Romero reconoce que el proyecto exige una atención constante que va más allá de la pintura. El desgaste, explica, no es solo físico, sino sobre todo mental. Vive en un estado permanente de planificación: dónde dormir, dónde cargar el teléfono, cómo editar los vídeos o cómo organizar la siguiente etapa del recorrido.

"Es un esfuerzo mental muy grande. Aunque parezca que solo estoy pintando, en realidad estoy gestionando todo el tiempo muchas cosas a la vez", señala.

A pesar de la dureza del camino, el artista destaca el papel de las personas que ha ido encontrando en los distintos municipios: "Hay mucha más gente buena que mala", resume.

DE PUEBLO EN PUEBLO

En localidades como Brea de Tajo recuerda una de las experiencias más significativas de todo su recorrido donde varios vecinos se acercaron mientras pintaba, le ofrecieron apoyo y terminó pasando la noche en la casa de juventud del municipio: "Me trataron como si fuera de allí de toda la vida", explica.

Algunos municipios le han sorprendido especialmente: Meco, por su combinación de lo antiguo y lo moderno; Loeches, por su diversidad arquitectónica; o Nuevo Baztán, que describe como un lugar con estética de "set de grabación antiguo".

Sin embargo, destaca sobre todo San Agustín del Guadalix, donde asegura haber vivido uno de sus mejores días.

UNA COMUNIDAD, MUCHAS REALIDADES

En cada parada, muchas de las obras terminan en manos de vecinos. Algunas las regala directamente a personas con las que conecta durante el proceso; otras las deja en lugares concretos para que alguien las encuentre posteriormente.

El contacto con los municipios le ha permitido conocer realidades muy distintas dentro de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, asegura que no los recorre como un turista. "No tengo capacidad mental para disfrutar como un turista. Estoy pensando en sobrevivir constantemente", admite.

Esa percepción transforma también su mirada artística. No busca documentar la historia del lugar, sino captar formas, colores y escenas que rompan con lo evidente de cada lugar. "Quiero que la gente vea otra cosa en los vídeos, no siempre lo mismo", afirma el artista.

Más allá del componente artístico, el proyecto ha adquirido una dimensión social inesperada. Romero asegura que muchas personas que siguen su trabajo por redes sociales le trasladan un mismo sentimiento: la identificación con el proyecto.

"Me ha pasado mucho que la gente me dice que les hubiera encantado hacer algo así en algún momento de su vida y nunca lo hicieron, y se identifican conmigo de esa manera", relata. Aun así, insiste en que el cambio más profundo no es geográfico sino personal: "No creo que vaya a volver a ser el mismo nunca", concluye.