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La decisión de Etiopía de frenar en seco las adopciones internacionales ha hecho añicos el sueño de cien familias madrileñas.

Nuria y Ángel llevaban ocho años esperando un niño. Estaban a punto de asignarles uno.

En una carpeta llena de documentos se guarda el sueño frustrado de adoptar un niño en Etiopía.

Ocho años de trámite en una carrera de fondo en la que veían ya la línea de meta. "Uno de esos niños habría sido para nosotros. Es un desgaste, un esfuerzo personal y económico" asegura Nuria.

Ni ella ni su pareja, Ángel, entienden que no se haya podido dar solución al caso. La suspensión es la crónica de un final anunciado.

"Lo han convertido en un negocio, en una fuente de ingresos para ellos" asegura Nuria.

Al final, una gran apuesta emocional truncada. "Somos personas y familias con unos sentimientos" se lamenta.

Cien familias madrileñas en la estacada, más de 400 en España y algunas con el menor ya asignado.