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La madre de la víctima de Leonardo V. J., conocido como el 'carnicero tatuador' de Valdemoro, ha desmontado en el juicio su estrategia de defensa al negar que su hija consumiera drogas o mantuviera una vida secreta que desconocieran sus familiares frente a la versión que mantiene el acusado de que habría contactado con ella a través de una red social de prácticas de sadomasoquismo.

El crimen se produjo el 15 de octubre de 2019. Fue la exnovia del acusado quien alertó a la Guardia Civil de que le había ayudado a deshacerse de un cadáver. El joven, de 27 años entonces, vivía en un chalet en la calle Francia de Valdemoro y se hacía llamar en redes sociales 'el carnicero tatuador'.

En la vista han comparecido sin biombo la madre de la joven y su padrastro, quienes han relatado la vida normal que llevaba la chica. Su testimonio ha sido seguido con atención por un impasible y frío Leonardo, quien ha evitado la confrontación visual con los familiares.

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El fiscal solicita para el procesado 25 años y cinco meses de cárcel para Leonardo V. J., de nacionalidad colombiana y con 27 años en el momento del crimen, por los delitos de asesinato y profanación de cadáver. Las acusaciones particulares, que representan a la madre y al padre por separado, solicitan que se le condene a prisión permanente revisable.

El acusado mutiló el cuerpo de la joven, a quien cortó la cara, los pechos y los tatuajes que le realizó meses antes para meterlos en salmuera como trofeos. Los agentes de la Guardia Civil que realizaron la inspección ocular hallaron numerosas bolsas de basura con restos humanos.

El asesino declarará al final de la práctica de la prueba del juicio a petición del abogado defensor, el letrado Marcos García Montes. Según su defensa, a su cliente se le fue "de las manos" la relación que mantuvo esa noche con la víctima, a quien habría conocido a través de una red social especializada en juegos sexuales violentos.

El abogado solicita tres años de cárcel por un delito de homicidio imprudente, con la atenuante de drogadicción. Además, cree que el tribunal tiene que tener en cuenta la traumática infancia que tuvo al llevarle su padre con prostitutas con siete años.

SU HIJA, "MUY ILUSIONADA"

La madre, miembro de la Guardia Civil, ha relatado al tribunal que su hija estaba muy ilusionada con un curso de maquillaje que iba a estudiar y con montar un local de estética para trabajar por las tardes. La joven, que tenía novio, llevaba varios tatuajes y a finales de agosto de 2019 un amigo tatuador le hizo una daga con un puñal gratis.

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"Era un martes por la tarde. A las once de la noche, se acercó al umbral de la puerta y me comentó que iba a la casa de su amigo el tatuador". La vivienda estaba a unos cuatro minutos", ha recordado la progenitora, que entraba a trabajar a las siete de la mañana. Le extrañó no ver a su hija. No tenía conexión desde las dos de la madrugada en el móvil.

Sandra y familiares salieron a buscar a la joven. Horas más tarde, interpuso en el cuartel de la Guardia Civil una denuncia por la desaparición de su hija. La madre no cree que la niña llevara una vida paralela al tener siempre muy buena comunicación con ella ni vio heridas o golpes compatibles con la práctica del sadomasoquismo.

"Todo era normal. Nunca vi golpes ni lesiones", ha subrayado a preguntas del fiscal, negando que en su vivienda hubiera elementos propios de este tipo de prácticas o que tomara drogas y ansiolíticos. Su hija estaba en aquella época bajo tratamiento psicológico al haber sido víctima de pornografía infantil con 11 años y de malos tratos.

Por su parte, Francisco Julio A., padrastro de la víctima y también guardia civil, ha negado que la joven consumiera drogas o algún tipo de medicación o que llevara una vida secreta de la que no tuvieran conocimiento. "Era una chica de lo más normal. Jamás sospecharíamos de eso", ha dicho en relación a las supuestos actos sexuales violentos.

CRANEO EN LA BASURA

Los agentes del Grupo de Homicidios que realizaron la inspección ocular se trasladaron al chalet adosado en el que vivía el acusado después de que una mujer se presentará ante la Guardia Civil y mostrara una imagen de un cráneo humano en un cubo de basura. La mujer era la entonces pareja del procesado, quien se enfrenta a una petición de tres años de cárcel por encubrimiento.

Acompañados por el juez de guardia, los investigadores se desplazaron a la calle Francia de Valdemoro. "Era una auténtica carnicería", ha relatado el instructor del atestado.

Nada más entrar, los agentes localizaron dos bolsas de basura con el cráneo, el cuero cabelludo y las vísceras. En el sótano, estaba el torso sobre unos cartones y afuera había una barbacoa con restos humanos calcinados.

RELATO DE LOS HECHOS

Los hechos se produjeron la noche del 15 de octubre de 2019 cuando el acusado recibió en su domicilio de Valdemoro a E. C. L., de 18 años, a quien conocía de haberle realizado algunos tatuajes en fechas anteriores así como de suministrarle medicamentos sin receta.

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En el interior de la vivienda, y durante un buen rato, la joven consumió varias cervezas y se tomó pastillas de un medicamento llamado Rivotril en el dormitorio principal sita en la primera planta.

A continuación, "aprovechando el estado de somnolencia en que la misma se encontraba por el consumo de las sustancias", entre las dos y las tres de la madrugada del día 16 se colocó "súbitamente" por detrás de la joven y situó su brazo alrededor del cuello de la víctima con la intención de ahogarla.

Tras algunos minutos de no conseguir su objetivo, L. V. J. optó por cambiar de plan y trató de hacerlo, también sin éxito, con un cable "a causa de su incapacidad para apretar suficientemente el cuello de la víctima".

CUERPO MUTILADO CON UN BISTURI

Fue entonces cuando hizo uso de un cuchillo que clavó en el abdomen de la víctima mientras seguía ahogándola con el cable agarrado con una mano, lo que provocó la muerte de la joven.

Tras darle muerte, trasladó su cuerpo a la bañera del aseo existente en el domicilio principal de la casa, "y allí, usando un bisturí, cortó las aureolas de los senos de la víctima y realizó una incisión desde el ombligo en forma de "Y" hacia cada de una de las dos clavículas, emulando una lámina de su propiedad donde figura una mujer con los mismos tatuajes que presentaba".

Posteriormente, el acusado recortó la cara de la joven así como los dos tatuajes que él mismo había realizado meses antes en el cuerpo de la citada, una daga y una rosa, y los colocó en salmuera a fin de conservarlos como trofeos.

El acusado permanece en situación de prisión provisional a raíz de un auto dictado por el Juzgado de Instrucción número 4 de Valdemoro.