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El rey Felipe de los belgas se dirigió hoy a los familiares y allegados de las víctimas de los atentados yihadistas de Bruselas, a quienes un año después de los ataques invitó a compartir su dolor y trabajar para construir una "sociedad más humana y más justa". "Nadie puede pretender comprender completamente el sufrimiento que viven ustedes" y "queremos escuchar vuestro dolor", dijo el rey Felipe en el barrio europeo de Bruselas, donde se produjo el segundo de los dos atentados que dejaron 32 muertos y más de 300 heridos.

El monarca se dirigió a aquellos que llevan "las cicatrices del atentado terrorista" y, como tantas otras víctimas del terrorismo en todo el mundo, las heridas de "una locura asesina". "Aprendamos a escucharnos mutuamente, a respetarnos y a corregir nuestras debilidades", pidió el rey Felipe en un discurso pronunciado en francés, flamenco e inglés en el que instó a sus conciudadanos a que intenten "hacer nuestra sociedad más humana y más justa".

Antes de dirigirse a la nación, el rey Felipe de los belgas y la reina Matilde habían participado en el minuto de silencio celebrado a las 7.58 hora local (6.58 GMT) en el aeropuerto bruselense de Zaventem, donde se produjo el primero de los atentados, y a las 9.11 (8.11 GMT) en la estación de metro de Maelbeek, donde los yihadistas golpearon por segunda vez.

El monarca cedió a continuación la palabra a la hermana de Sabrina, fallecida en el ataque a la estación de metro de Maelbeek, quien visiblemente emocionada hizo un llamamiento, en francés, a la concordia y esperanza. "Ese mensaje de amor y de paz que la definía también es el que quiero compartir con ustedes hoy", dijo entre sollozos antes de que tomara el púlpito otro de los allegados de las víctimas quien, en flamenco, compartió que no se puede "cambiar lo que pasó, hacer desaparecer la tristeza" pero sí convertir ese sufrimiento en un ejercicio de "solidaridad".

PADRES DE UNA VÍCTIMA AL TERRORISTA: "NUNCA HEMOS VIVIDO TANTO AMOR"

Michel y Brigitte Visart, padres de una de las víctimas mortales de los atentados de hace un año en Bruselas, publicaron hoy una emotiva carta dirigida al asesino de su hija Lauriane, en la que aseguraron que la traumática experiencia ha servido para despojarles del odio y reforzar su amor al prójimo. "Un año después, nunca nos ha atravesado un sentimiento de odio. Un año después, nunca hemos vivido tanto amor", escriben en la misiva que publica hoy el diario belga "Le Soir".

Los Visart, que perdieron a su hija en la estación de metro de Maelbeek, el segundo de los atentados en los que hace un año murieron 32 personas y más de 300 resultaron heridas, desmontan la pretendida heroicidad del terrorista y de quienes toman a esos individuos como inspiración. "Usted no es un héroe, solo un asesino (...). Todos vosotros habéis perdido, como (...) todos los otros que ayer apretaron y los que mañana apretarán el botón del horror", le dicen al fallecido Khalid El Bakraoui, que activó su chaleco explosivo en el suburbano del barrio europeo de la capital belga.

El matrimonio le pregunta al integrista, hermano de uno de los terroristas que una hora antes atentó contra el aeropuerto de Bruselas, si miró a su hija a los ojos antes de matarla y cómo pasó las horas antes del atentado. "¿Durmió usted bien la noche precedente? ¿En qué pensó? En su programa suicida? ¿Su motivación era el sacrificio, el sentimiento de injusticia?, el deseo de llegar a un merecido paraíso? ¿Tenía usted miedo? ¿Pensó en renunciar? ¿Rezó a ese dios al que osa usted reivindicar? ¿Afloró el dolor que iba a provocar, aunque solo fuera un segundo?, escriben.

Los padres de Lauriane, de 28 años, aseguran que 365 días después de las matanzas de Bruselas celebran la vida y aprenden a reconstruir sus vidas desde la solidaridad."Si aún lloramos es compartiéndolo con mujeres y hombres de todos los orígenes", dice el matrimonio, que reconoce que "la emoción y las dudas" les alcanzan después de cada nuevo atentado. "Pero la vida gana siempre. La vida desde el respeto hacia los demás y a sus diferencias, la vida desde el enriquecimiento que nos aporta ese otro, simple y esencialmente, la vida", concluyen.