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El viernes, el Tribunal Supremo de Kenia anuló las elecciones celebradas el pasado ocho de agosto. Ganó Kenyatta, lider del partido que representa a la minoría kikuyu, con diez puntos de diferencia sobre Odingo, lider de la etnia luo.

El Supremo anunció que los próximos comicios deberán celebrarse en 60 días. El Tribunal admitió así el recurso de Odingo, que desde el minuto uno denunció fraude electoral, asegurando que la Comisión Electoral sufrió un ataque informático que generó una ventaja constante a favor de Kenyatta. Sus partidarios desataron una oleada de violencia en las principales del país, en especial en la capital, Nairobi.

Alemania y Gran Bretaña establecieron las artificiales fronteras de Kenia hasta la independencia del país en 1963. Dentro de esas fronteras quedaron dos etnias irreconciliables, los kikuyu y los luo. Milimétricamente, ambas etnias apoyan a los dos partidos políticos enfrentados en el pais, liderados respectivamente por Kenyatta y Odingo.

Desde entonces, y a pesar de que Kenia posee el mayor producto interno bruto de la región Este y Central de África y que es una potencia emergente en el sector turístico y la industria de las telecomunicaciones, su prosperidad se ha visto ensombrecida por un conflicto continuo que ha dejado de miles de muertos y desplazados.

A la violencia endemica interna se une el acoso terrorista del grupo Al Shabah, que opera desde la fronteriza Somalia, al este del país.