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Édouard Philippe, que se define como un "hombre de derechas" y delfín del ex primer ministro Alain Juppé, ha sido el elegido por el presidente francés, Emmanuel Macron, para llevar las riendas de su primer Gobierno, con el fin de atraer al electorado conservador.

Philippe, de 46 años, presenta un perfil que le convierte en una suerte de alter ego conservador de Macron, partidario como él de trascender las barreras ideológicas tradicionales y criado en los mismos viveros de la elite política por los que pasó su ahora jefe.

Pese a que era el gran favorito, su designación, prevista para primera hora de la mañana local, se retrasó horas, lo que disparó los rumores acerca de un eventual desacuerdo entre ambos.

Aunque no sorprendió a nadie, la elección ha sido escrutada con suma atención por los franceses, que la consideran el primer gran indicio de cuál será el rumbo que quiere imprimir Macron al país.

Philippe cumple los requisitos que el nuevo presidente, que asumió ayer mismo el cargo, había fijado para su jefe de Gobierno: debía tener experiencia parlamentaria, pero al mismo tiempo encarnar la renovación.

REVITALIZAR EL EJE FRANCO ALEMÁN

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, mostraron hoy su determinación a revitalizar el eje franco-alemán para lograr una UE más efectiva y protectora y profundizar la integración de la eurozona.

En la primera visita oficial del francés a Berlín, apenas 24 horas después de acceder al cargo, ambos líderes se comprometieron a poner todo de su parte para mejorar la compenetración entre las dos capitales para, en palabras de Macron, lograr una "histórica nueva fundación" de la Unión Europa.

"Necesitamos una refundación" del proyecto europeo", aseguró el presidente francés, quien consideró que para que se dé este cambio es preciso primero "recomponer la confianza" de la "relación histórica" entre París y Berlín, mientras que Merkel habló de dotar al tándem de una "nueva dinámica" y de un "nuevo impulso".

"Nuestra relación necesita más confianza y más resultados", opinó Macron, dejando entrever que las relaciones entre Merkel y su antecesor, François Hollande, no fueron especialmente cercanas y productivas.

Merkel, por su parte, apostó por una relación "de plena confianza" que genere "una estrecha cooperación" para el bienestar de los dos países y subrayó que "los intereses de Alemania están estrechamente ligados con los intereses de Francia".

"A Alemania sólo le puede ir bien cuando a una Francia fuerte le va bien", apostilló tras recalcar la "importancia" del dúo.

El presidente francés reivindicó asimismo su iniciativa de promover las inversiones públicas y privadas en la eurozona para incentivar el crecimiento, pero no con un instrumento como el "Plan Juncker", "basado en la deuda", sino con "nuevo dinero" procedente de los presupuestos.

Macron, que subrayó que tiene por delante una "difícil tarea" en su país, en el que debe implementar "las reformas necesarias", admitió que puede tener diferencias de criterio con la canciller, pero que él siempre se comportará como "un socio abierto, directo y constructivo", porque "de ello depende el éxito de Europa".