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En este lado del planeta la gente es muy afortunada y por eso no hay que quejarse "tanto" de la crisis, asegura Verónica Forqué, que interpretará desde el sábado a Shirley Valentine, una "cincuentañera" con muchas carencias emocionales, las que, en definitiva, apunta la actriz, importan y determinan la vida.

Forqué (Madrid, 1955) lleva un año largo, desde mayo de 2011, de gira por España con la comedia de un solo personaje escrita por el británico Willy Russell en 1986 en la que, con formas de monólogo, un ama de casa de Liverpool relata su vida antes y después de que una amiga le haga una propuesta.

"Es una mujer que habla con la pared de la cocina, que siempre la escucha, hasta que descubre que hay gente mirándola, y empieza a contarle a ellos. Se da cuenta entonces de que no solo no está tan bien como creía sino que está mal y que querría cambiar de vida", resume la actriz en una entrevista con Efe.

Una mañana recibe la invitación de una amiga para ir a Grecia, lo que para ella es como viajar a la Luna, "un acontecimiento extraordinario" porque en su vida ha salido de Liverpool, donde siempre está nublado y siempre llueve.

Es, afirma, una gran función, preciosa, en la que la gente se ríe mucho, a pesar de que Shirley no quiere ser graciosa, pero las cosas que cuenta sobre su infancia, las monjas, su vida sexual, el marido, los hijos, la amiga feminista, "son muy peculiares".

Aunque "Shirley Valentine" está anunciada en el Teatro Maravillas desde el 11 de agosto -el estreno oficial será el 22- hasta el mes de enero, precisa que no tiene "ni idea" de cuánto tiempo estará en Madrid.

"Todo es un misterio en la vida. No me planteo ningún horizonte en general. Me planteo que el sábado tengo que hacer la función dos veces y el domingo otra vez. No me planteo mi vida más allá del domingo", se ríe.

Llega a Madrid, dirigida por su marido, Manuel Iborra, "porque toca" no porque tenga planes laborales "paralelos y coincidentes".

"Esta función es imposible de compaginar con nada más. Es un esfuerzo extraordinario porque estoy sola en escena. Dura unas dos horas con descanso y no puedo hacer ninguna otra cosa. Ni una tortilla de patatas. En mi casa que se apañen", bromea de nuevo.

Shirley Valentine tiene "mucho" de ella: "los personajes son siempre una porque los haces tú con tu cuerpo, con tus emociones con todo lo que has vivido. Nace de ti y lo haces con tus recursos, con lo mejor y lo peor de ti misma. Ojalá pudieras convertirte en otra persona porque es muy aburrido ser siempre uno mismo", declara.

Cuando era pequeña quería ser actriz porque era una manera de "ser otras", de estar en Grecia, en la Edad Media o en el futuro, pero, reconoce, no ha estado "en ninguno de esos sitios".

Sin embargo, sí ha sido "hija", "madre", la mujer de Ramón y Cajal, una actriz porno, "una que fumaba porros, una que era camello... He sido muchas mujeres pero todas era yo, porque los papeles se hacen con lo que tú eres".

También ella, como Shirley, tiene la impresión de que debía de haber hecho muchas más cosas en su vida y de que no las ha hecho.

"¿Quién no? ¡Ay Dios mío, ¿ya?! ¡Dentro de nada me moriré! Todas las cosas y todos los sitios a los que yo quería ir y no he ido...", lamenta, aunque para ella "lo más necesario", lo más importante de su vida, sea sentir que lo que hace es útil para alguien.

De hecho, cuando era "muy jovencita" tuvo la duda de si debía ser médico porque había leído la biografía del alemán Albert Schweitzer, el galeno Nobel de la Paz que hizo su trabajo en África, y quería "ser él o, por lo menos, su enfermera", se ríe otra vez.

Sostiene que la única salida que atisba a la crisis y el pesimismo generalizado es "tener esperanza" y seguir trabajando y luchando.

"Somos muy afortunados en esta parte del planeta, nos ha tocado la parte afortunada a pesar de la crisis. No puede uno pasarse el día quejándose. La crisis afecta más a otras personas que han venido aquí porque les ofrecían un piso y un coche y unas vacaciones y se lo han creído... Nosotros aún no estamos en eso", subraya.

La actriz revela que ella está acostumbrada a la inestabilidad, a la inseguridad económica desde que tiene 19 años. "Yo nunca se qué me va a pasar el mes que viene, así que ni me planteo lo que nos puede pasar el año que viene", remacha.