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Aviones, aeroplanos, helicópteros y otros ingenios volantes se han apoderado del recinto ferial de Montjuic que, entre hoy y el próximo domingo, será el centro de la 35 edición del Salón del Cómic de Barcelona, mutado ya en algo mucho más ambicioso que la principal cita del sector en España.

Las novedades y la presencia de los autores invitados, internacionales y nacionales, son los protagonistas, pero el incremento de superficie -hasta los 50.000 metros cuadrados y los casi 200 expositores- y la espectacularidad de sus montajes, hacen que el salón trascienda lo estrictamente editorial, y sea un evento capaz de batir la barrera de los 118.000 visitantes del 2016.

De hecho, las aglomeraciones, sobre todo de escolares, para entrar al recinto a primera hora hacen presagiar que se superará.

Este año, la organización se ha dejado atrapar por la épica conexión entre viñetas y aviones -símbolo de aventuras y libertad, pero también de guerra y muerte-, como eje de su principal exposición, "Cómics en vuelo", comisariada por el profesor Jordi Ojeda y el propio director del salón, Carles Santamaría.

Porque, ¿qué sería de series como Steve Canyon, Michel Tanguy o de nuestras "Hazañas Bélicas" o el "No pasarán" de Giardino y de otras ambientadas en la Primera y Segunda Guerra Mundial sin la presencia de estos aparatos sobrevolando por sus viñetas?.

¿Los reclamos del salón?, por ejemplo, un MIG 15 soviético real con una intimidante estrella roja, que luchó en la Guerra de Corea, un caza norteamericano Texan, un gigantesco helicóptero Huey utilizado en Vietnam, la replica (escala 75%) de un caza republicano Polikarpov o el Monocoque responsable del primer Barcelona-Palma de Mallorca, por citar sólo algunas de las naves instaladas bajo una gran "carpa aeródromo" en la plaza Univers.

Varios de estos aviones pertenecen a un coleccionista catalán que los guarda en su jardín, y que, explica Santamaría, recibió la visita de la Guardia Civil -que los detectó por Google View- para ver "qué era todo aquello" y si estaban desactivados.

Las aeronaves están inmersas en una escenografía que incluye grandes ilustraciones que las rodean como si fuera dioramas, y están acompañadas de figurantes vestidos de pilotos.

Pero la muestra no se fija únicamente en la épica aeronáutica, sino también en los "efectos colaterales", dice el director del salón: los bombardeos a ciudades o las víctimas que pueblan series tan dramáticas como "Pies descalzos" de Keiji Nakazawa, y a cuyo auxilio acudían los camiones de bomberos, de los que se presentan un par de ejemplares reales, uno de ellos, el que actuó en el bombardeo del Cine Coliseo de Barcelona en 1938.

Tampoco el centenario de la mítica y desaparecida revista TBO podía pasar desapercibido en el salón, que le dedica una completa muestra con un centenar de originales, que repasan la evolución de la publicación, sus autores (Sabatés, Opisso, Urda, Tínez...) o las series emblemáticas ("La familia Ulises", "Melitón Pérez" o "Los grandes inventos del TBO", entre otras).

La muestra, con un texto introductorio del escritor Javier Pérez Andújar, pone especial acento en los trabajos de Josep María Blanco, colaborador destacado de la revista y ganador del Gran Premio del Jurado del salón del 2016, a sus 93 años.

"El título de la exposición, 'Humor blanco de TBO" es un juego de palabras en homenaje a Blanco, un contable que practicaba un humor simpático, poco estrambótico y basado en el gag", señala Ojeda.

A partir de "El fantasma de Gaudí", la novela gráfica de Juan Antonio Torres y Jesús Alonso, (premio a la mejor obra española de 2016) el salón ofrece una reveladora exposición sobre el proceso creativo de este thriller y de las conexiones con el trabajo del arquitecto catalán en el uso de colores y texturas.

Se exhibe un visor creado por el propio Gaudí que convertía imágenes planas en tres dimensiones, y otros instrumentos con los que realizaba las maquetas utilizando alambre, contrapesos y otros materiales como perdigones.

"Por eso, las maquetas de Gaudí fueron destruidas durante la Guerra Civil española, para conseguir esos perdigones", comenta Ojeda.

En el nivel 8 del pabellón 4, la zona más alta del salón, se ha recreado una calle de un poblado del oeste para acoger "Le llamaban Lucky Luke", "un montaje, más espectáculo que exposición" -en palabras de Santamaría- dedicado al vaquero solitario creado por Morris, y a su séquito de acompañantes, como los hermanos Dalton.

Otras propuestas, son las dedicadas a dos norteamericanos coetáneos: Will Eisner, creador de "The Spirit" y considerado el padre de la novela gráfica actual, del que se cumplen 100 años de su nacimiento, y Milton Caniff, el "Rembrandt de los cómics", alias que se ganó por el uso de los claroscuros, que se pueden observar en 90 originales de series como "Terry y los piratas" y "Male Call".

Por el salón pasarán estos días varias decenas de autores, 26 de ellos internacionales como el dibujante de "Wachtmen" Dave Gibbons, el matrimonio formado por Bryan y Mary M. Talbot o el francés Romain Hugault, entre otros.

Además de las firmas de historietistas y comiqueros, el programa incluye talleres, conferencias, salones de videojuegos y consolas, como la nueva Nintendo Switch, todo un conjunto que ha convertido este salón en una macrofiesta de la cultura del cómic.