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Más que asentado como festival de referencia en el sur de Europa, Mad Cool afronta este año su tercera edición con un cambio de ubicación que duplica el aforo hasta las 80.000 personas por día y un cartel con pesos tan pesados como Pearl Jam, Arctic Monkeys, Depeche Mode, Jack White o Queens of the Stone Age, que lideran una propuesta con un centenar largo de nombres.

"El cartel de cada edición se comienza a trabajar antes de haber ejecutado la anterior. Cada año se trabaja con más antelación, nuestro objetivo es tener el grueso del cartel en diciembre", explica a Europa Press el director del Mad Cool, Javier Arnaiz, quien añade que el departamento de booking tiene siete integrantes, entre los que está él mismo: "Cada uno aporta sus ideas y sale una primera lista. Luego contactamos con los respectivos agentes para saber qué planes tienen. Algunas bandas se caen por el camino, otras salen adelante y también aparecen nuevos nombres".

La edición de este año se celebrará del 12 al 14 de julio, pasando del sur de La Caja Mágica al norte de IFEMA - Valdebebas. Siempre dentro de Madrid y con una idea de crecimiento que ya estaba plasmada en el plan de negocio inicial del festival, que contaba con hacer "sold out en la segunda edición para así saltar a un recinto mayor". "Sin un aforo como el del nuevo espacio no podríamos haber tenido todas estas bandas juntas. El recinto es una de las partes claves de un festival", recalca Arnaiz.

Así las cosas, revela que fueron el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid los que les ofrecieron el nuevo emplazamiento, que ya sí colma sus expectativas, por lo que ahora pueden centrarse en "fortalecer el festival al máximo para su posicionamiento en el mercado". Y para posicionarse adecuadamente, las bazas son el mastodóntico recinto y el ambicioso cartel de artistas. Cuanto más grandes sean ambas variables, más alta podrá ser la apuesta.

"Nosotros planteamos las ofertas que creemos más coherentes para cada artista, porque no tienen un precio fijo. La subasta se genera por sí sola ya que cuando varios festivales -españoles, europeos y americanos- quieren una misma banda, al final se intenta conseguirla defendiéndolo con un buen planteamiento global. Los propios agentes están interesados en que exista la subasta porque esto les hace ganar más dinero", explica el director de Mad Cool.

Sobre el caso concreto de Pearl Jam, que no visita España desde 2010 y Madrid desde 2007, reconoce Arnaiz que llevaban "trabajando desde la primera edición" pero no fue posible traerles "por ciertas circunstancias". En esta ocasión, sin embargo, asegura que fue "bastante rápida la contratación, aunque también complicada, como casi todas".

Tras admitir que en 2017 agotaron entradas antes de lo que tenían previsto, agrega que para este tercer año "las ventas llevan una progresión similar a la edición anterior". Por eso, plantea: "Sabía que Madrid era una de las ciudades donde se podía y debería hacer. Por eso lo pusimos en marcha marcando unos objetivos muy claros. Hacerlo en alguna otra ciudad no sería fácil, pero no todos los modelos de festival tienen que ser iguales. Creo que hay espacio para todos".

Y aún remarca: "Nuestro objetivo nunca fue ser el festival más grande de España, sino crear un modelo de evento que veíamos necesario en la ciudad de Madrid. Estamos contentos con el plan de ruta establecido porque las cosas están saliendo según lo previsto. El público ha confiado en el festival y queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos los que han decidido venir a él".

MEJORES INSTALACIONES

Precisamente ese público en aumento es el que ha propiciado el traslado al nuevo recinto, aún sin estrenar y desconocido para todos, anticipa Arnaiz que tendrá "mejores accesos, comunicaciones y transporte" que La Caja Mágica, algo que se notará en la movilidad del público. Para llevar a cabo todo lo planeado, las tareas de "acondicionamiento" del espacio comienzan este mismo mes de marzo, es decir, cuatro meses antes de que la música empiece a sonar.

"Se instalarán 120.000 metros cuadrados de césped artificial y todo lo necesario para que el funcionamiento sea el deseado. Después se montará toda la producción con siete escenarios, áreas de restauración y de relax...", adelanta, al tiempo que subraya que el epicentro inicial a partir del cual todo se pone en marcha es el plan de seguridad y evacuación del recinto. Una vez controlado eso, se encajan componentes, necesidades, infraestructuras técnicas y la ejecución final de la producción. "Este desarrollo nos llevará desde marzo a julio", remata.

Siguiendo con su relato organizativo, mientras el festival se pone en pie tampoco deja de trabajar un equipo de logística integrado por 15 personas que trabajan para que todo esté a punto: "Ellos están en contacto permanente con todos los equipos de los artistas y el resto del personal para gestionar todas las reservas, tanto de hoteles como de vuelos y traslados".

UNA CIUDAD PARA TRES DIAS

Con toda esta ciudad construida y en marcha, para cuando llegue el mes de julio y arranque el festival propiamente dicho Mad Cool tendrá "en torno a 3.500 personas trabajando en el recinto", según calcula Arnaiz. Y enumera tareas a continuación: Personal de producción; técnicos de sonido, de luces, audiovisuales, de televisión, seguridad, logística, hostelería y restauración; equipos de carga y descarga, fontaneros, carpinteros, almacenistas, personal de limpieza y mantenimiento.

"En backstage podemos contabilizar unas 400 personas trabajando, contando el personal de los artistas", resalta, para acto seguido detallar que las bandas principales pueden llegar con "cien personas de su equipo de gira". "Y tenemos que facilitarles todo el trabajo para que sus montajes vayan al milímetro y esté todo controlado", remarca.

Transmitiendo cierto frenesí con sus palabras, explica que la actividad detrás de los escenarios "es muy intensa porque muchas bandas llegan de otros conciertos con el tiempo justo para montar y cuando terminan tienen que salir directas a otros festivales". Para añadir estrés, aún dibuja un panorama en el que hay personal de catering, transfers, logística, asistentes, seguridad, carga y descarga, técnicos de montajes...

"También está el equipo de transfers -transportes y desplazamientos- internos del festival, compuesto por noventa personas encargadas de mover a todo el personal bajo sus necesidades y demandas. Con el número de bandas y nivel de las mismas, las exigencias son máximas. Cualquier pieza del engranaje tiene que estar controlada para que la maquinaria funcione. No podemos permitirnos el lujo de fallar en nada", remacha.

EN PRIMERA PERSONA

Cambia de tercio Arnaiz y habla de su labor al mando del festival, recordando inevitablemente lo acontecido en la segunda edición: "El mayor miedo que tengo siempre es que todo vaya bien. Este pasado año nos tocó vivir una desgracia con el fallecimiento de Pedro Aunión y esto es lo peor que me ha pasado después de hacer cincuenta ediciones de festivales.

En el otro extremo, la mayor satisfacción es ver que has conseguido llevar a cabo un proyecto que se inició con cuatro bocetos y, sobre todo, ver las caras de felicidad del público. Es algo que no se puede describir".

Dejando las necesarias horas de sueño para otra ocasión, asegura que durante los tres días de festival no para "un solo momento", pues supervisa todo lo que está pasando. "Sobre todo tengo mucho contacto con el director de seguridad y el director de producción, dos piezas claves en el evento", señala.

"Me gusta entrar en zonas de público general para ver los flujos de movimiento", concluye Arnaiz, ese hombre permanentemente conectado con todo su equipo y que da decenas de miles de pasos en cada festival para comprobar que 'su ciudad' fluye adecuadamente. Y este verano, más y más grande. Más pasos. Más de todo. Más Cool.