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Leiva arrancó en La Riviera madrileña su maratón de cuatro recitales consecutivos (todos ellos con entradas agotadas desde hace semanas) presentando su segundo disco en solitario, Pólvora.

A 2.600 personas por noche, las cuentas avalan al músico madrileño. Con su fórmula de rock accesible y letras cotidianas, Leiva conectó desde el primer momento con un público que lo cantó todo desde el principio hasta el final en un constante crescendo que convirtió La Riviera en un karaoke tan jovial como ensordecedor.

Comandada por la efectiva Leiband, la noche transcurrió previsible con temas de sus trabajos como solista como Los Cantantes, Nunca Nadie, Afuera en la Ciudad y las aún más celebradas Eme y Terriblemente Cruel.

Hubo tiempo también para desatar (aún más) la euforia de los asistentes mirando al pasado de Pereza, su anterior banda, con Animales, Windsor, Como lo tienes tú y Superhermanas. Tras algo más de noventa minutos de recital, se encienden las luces y los músicos se despiden de los asistentes bailando en el escenario al ritmo de Stevie Wonder.

El primer asalto se saldó con éxito y nada hace pensar que los tres siguientes (hasta el domingo) no sigan el mismo patrón. De hecho, lo más probable es que, visto lo visto y cantado lo cantado, la cosa vaya a más.