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Hace dos mil años, el mar Mediterráneo era un refugio para dos especies de ballenas que prácticamente han desaparecido del Atlántico Norte, según un nuevo estudio de huesos antiguos con participación española. El descubrimiento de huesos de ballena en las ruinas de una fábrica romana de procesamiento de pescado ubicada en el Estrecho de Gibraltar también señala la posibilidad de que los romanos hayan cazado las ballenas.

Antes del estudio, realizado por un equipo internacional de ecologistas, arqueólogos y genetistas, se asumió que el Mar Mediterráneo estaba fuera del rango histórico de la ballena franca y gris. Académicos del Departamento de Arqueología de la Universidad de York, en Toronto, Canadá, utilizaron análisis de ADN antiguo y huellas dactilares de colágeno para identificar los huesos como pertenecientes a la ballena franca del Atlántico Norte ('Eubalaena glacialis') y la ballena gris del Atlántico 'Eschrichtius robustus').

Después de siglos de caza de ballenas, la ballena franca actualmente se presenta como una población muy amenazada en el este de América del Norte y la ballena gris ha desaparecido por completo del Atlántico Norte y ahora está restringida al Pacífico Norte.

La coautora del estudio, la doctora Camilla Speller, de la Universidad de York, señala: "Estos nuevos métodos moleculares están abriendo nuevas ventanas en los ecosistemas del pasado. Las ballenas a menudo se descuidan en los estudios arqueológicos porque sus huesos frecuentemente están demasiado fragmentados para ser identificables por su forma".

"Nuestro estudio muestra que estas dos especies fueron una vez parte del ecosistema marino mediterráneo y, probablemente, utilizaron la cuenca protegida como un terreno de alumbramiento. Los hallazgos contribuyen al debate sobre si, junto con la captura de peces grandes como el atún, los romanos tenían una forma de industria ballenera o si quizás los huesos son evidencia de una recolección oportunista de ballenas varadas a lo largo de la costa", señala.

Ambas especies de ballenas son migratorias, y su presencia al este de Gibraltar es una fuerte indicación de que previamente entraron al mar Mediterráneo para dar a luz. La región de Gibraltar estaba en el centro de una industria de procesamiento de pescado masiva durante la época romana, con productos exportados en todo el Imperio Romano. Las ruinas de cientos de fábricas con grandes tanques de salazón todavía se pueden ver hoy en la región.

BLANCOS TENTADORES PARA LOS PESCADORES LOCALES

La autora principal del estudio, la doctora Ana Rodrigues, del Centro Nacional Francés de Investigación Científica, apunta: "Los romanos no tenían la tecnología necesaria para capturar los tipos de grandes ballenas que se encuentran actualmente en el Mediterráneo, que son especies de alta mar. Pero las ballenas grises y sus crías habrían llegado muy cerca de la costa, convirtiéndolos en blancos tentadores para los pescadores locales".

Es posible que ambas especies hayan sido capturadas utilizando pequeños botes de remos y arpones de mano, métodos utilizados por balleneros vascos medievales siglos más tarde. El conocimiento de que las ballenas costeras estuvieron presentes en el Mediterráneo también arroja nueva luz sobre fuentes históricas antiguas.

La coautora del estudio Anne Charpentier, profesora en la Universidad de Montpellier, en Francia, destaca: "Finalmente, podemos entender una descripción del siglo I del famoso naturalista romano Plinio el Viejo, de las ballenas asesinas atacando a las ballenas y sus terneros recién nacidos en la bahía de Cádiz. No coincide con nada que se pueda ver hoy allí, pero encaja perfectamente con la ecología si las ballenas francas y grises solían estar presentes".

Los autores del estudio ahora piden a los historiadores y arqueólogos que reexaminen su material a la luz del conocimiento de que las ballenas costeras fueron parte del ecosistema marino del Mediterráneo. "Parece increíble que pudiéramos haber perdido y luego haber olvidado dos grandes especies de ballenas en una región tan bien estudiada como el Mediterráneo. Te hace pensar qué más hemos olvidado", dice Rodríguez.

El estudio, que se publica en la revista 'Proceedings of the Royal Society of London B', fue una colaboración internacional entre científicos de las universidades de York, Montpellier (Francia), Cádiz, Oviedo y el Centro de Estudios Pesqueros en Asturias.