'El rey de la farándula' | Festivaldealmagro.com
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Ángel Ruiz dirige, interpreta y ha realizado la dramaturgia de El rey de la farándula, un cabaré barroco del Siglo de Oro, que viaja a la corte de Felipe IV, una época de esplendor artístico en general y en particular del teatro.

Así lo hace notar en su monólogo Ángel Ruiz (Navarra, 1970) que ha creado una obra bajo dos premisas: contextualizar el Siglo de Oro español y la marginalidad en la época, ha explicado este miércoles sobre un espectáculo que se presentó en el último Festival de Almagro y que se estrena mañana en el Teatro de la Comedia.

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Ruiz resalta la dicotomía entre un periodo glorioso para las artes, el siglo XVII, donde coinciden en Tirso de Molina, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Velázquez, con el declive del Imperio español.

"Felipe IV fue un gran impulsor de las artes, concretamente el teatro, pero fue un desastroso gobernante", ha señalado el actor, que incide en que el es monarca "protagonista o antagonista" de esta historia frente al personaje de ficción Segismunda, un actor, cantante, bufón confidente y pícaro de su tiempo, al que acompaña Dixteria, representada por Bru Ferri, a cargo del piano y la dirección musical.

Con estas premisas, Ruiz ha hilvanado un espectáculo "cercano y fresco para conectar con el público", con el que trae el contexto a la actualidad, "un anacronismo, con un fidedigno anclaje a la historia".

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El artista ha querido reivindicar a un personaje real, Cosme Pérez, conocido como Juan Rana, reconocido gran cómico del Siglo de Oro.

"La plataforma para ser famoso entonces era el teatro, no existía ni el fútbol ni la televisión. Juan Rana era abiertamente homosexual, fue acusado de sodomía por la inquisición y se salvo gracias a que intercedió Mariana de Austria", segunda esposa de Felipe IV con la que tenía una estrecha relación, tanto que llegó a otorgarle una pensión vitalicia por lo mucho que le hacía reír.

Ruiz añade que "el poder" utilizaba lo femenino como símbolo de estatus; de ahí el uso del color rosa -representado en el vestuario del espectáculo- o de los tacones.

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Además, incorpora el juego con el género en escena, "era muy barroco, muy español", argumenta al recordar que los hombres interpretaban a mujeres y las mujeres a hombres, como 'La Baltasara', una de las actrices del momento. Incluso "en algunos casos eran ellas las jefas de las compañías", algo que no sucedía en Inglaterra.

Un juego de género que aparece en los textos de Calderón de la Barca o Tirso de Molina. "Quería reivindicar este aspecto, no es una visión contemporánea", puntualiza el director.

"Hemos querido sumergir al espectador en un siglo XVII vivo y chispeante", con música barroca llevada más allá al fusionar piezas de Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo con flamenco, jazz o Pablo Milanés.