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Una calurosa y prolongada ovación cerró este lunes la primera proyección en el Festival de Cannes de Cerrar los ojos, de Víctor Erice, una película llena de referencias cinematográficas y literarias que supone el cuarto largometraje del realizador, 31 años después de "El sol del membrillo".

La proyección se celebró con la ausencia de Erice, algo que resaltó el delegado general del festival, Thierry Frémaux, en su presentación.

"Estoy feliz de que Erice esté en esta lista de nombres con el de Takeshi Kitano, que sí estará aquí, aunque nunca se sabe", afirmó con cierta ironía Frémaux en referencia a los cineastas que componen la sección no competitiva Cannes Première y en la que se incluye Cerrar los ojos.

Frémaux presentó a los actores de la película que sí estaban en la sala: Manolo Solo, José Coronado, María León, Helena Miquel y Ana Torrent, que se llevó el mayor aplauso al entrar en la sala Debussy donde se celebró la proyección. Poco antes, el equipo de la película había pasado por la alfombra roja de Cannes.

Todo para presentar una de las películas más esperadas de esta edición ya que suponía el regreso de Erice al cine y a Cannes, ya que su anterior filme, el documental El sol del membrillo (1992), compitió en el festival y se llevó el Premio del Jurado.

"La obra de Erice no es solo importante para el cine español, también para el cine internacional", resaltó Frémaux antes de comenzar la proyección de una película que dura casi tres horas.

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Un largometraje para contar la historia de la desaparición de un actor (Coronado) durante un rodaje y cuyo cuerpo nunca es encontrado. Pasados 22 años, un programa de televisión evoca la figura del actor y emite las últimas escenas en las que participó, rodadas por un íntimo amigo suyo (Solo).

Una película sobre la identidad y la memoria con muchas referencias que demuestran los gustos de Erice, desde Juan Marsé a Borges e incluso autoreferencias a sus propias películas, el más evidente la presencia de Ana Torrent en la historia y con un personaje que se llama Ana, de nuevo.

Torrent acompañó a Erice cuando era solo una niña en su primera aventura como director, "El espíritu de la colmena" (1973), una deslumbrante película que ganó la Concha de San Sebastián y que se convirtió de inmediato en un título de culto.

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Al igual que su segundo largometraje, El sur (1983), y, en menor medida, El sol del membrillo (1992), el documental que realizó sobre el trabajo de otro genio, Antonio López.

Era difícil mantener el nivel y aunque Cerrar los ojos tiene escenas más que notables y momentos cinematográficos espléndidos, se queda lejos del cine de su primera etapa. Es un ejercicio casi nostálgico por parte de Erice, de fusión de muchas cosas y de exploración de la memoria y la identidad, dos temas recurrentes en su obra.

Más de 30 años esperando a que volviera a hacer una película -en estas tres décadas ha hecho cine pero en formato corto- que, pese a sus defectos, supone un ¿cierre? interesante y coherente para una larga carrera con muy pocos títulos.

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Porque Erice tiene 82 años, nunca ha tenido ganas de publicitar su trabajo, como ha demostrado su ausencia en Cannes, y con lo que tarda en cada proyecto de largometraje, se aventura complicado que haga otro.

Pero mientras decide si hace otra película, Erice habrá disfrutado desde Madrid de la recepción en Cannes a Cerrar los ojos -que también cuenta en su reparto con la argentina Soledad Villamil y con Mario Pardo, Petra Martínez o José María Pou-.

El equipo, emocionado hasta las lágrimas, representó al director, pero el público cuando más aplaudió fue cuando vio el nombre de Víctor Erice en la pantalla.