Bajando a la 'Mazmorra del dragón' | ADELA Y RAFA
(Actualizado

El censo de 1970 contabilizó 37 habitantes en Sieteiglesias, un pequeño pueblo de la llamada ‘sierra pobre’ de Madrid, al norte de la capital, que en 1973 unió fuerzas con Lozoyuela y Navas para formar un nuevo municipio. Entre los tres han llegado a tener 1.237 habitantes, según el último censo, el de 2017.

Este censo no recoge lo mucho que ha cambiado la vida y las costumbres en los últimos años, sobre todo al ritmo de crisis y pandemia pero, cuando se contabilizaron sus habitantes, Adela y Rafa ya vivían en Sieteiglesias.

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“Otro ritmo para criar hijos”

Adela y dos de sus hijos, en plena naturaleza | ADELA Y RAFA

Adela y Rafa son ‘de barrio’, de barrio de “toda la vida” de Madrid. Un chico de Carabanchel y una chica de la Alameda de Osuna que cruzaron sus vidas por una vocación compartida: “Nos conocimos trabajando en La Cabrera, los dos somos maestros y coincidimos en un colegio”, explica Rafa.

"Yo pensaba que siempre iba a vivir en mi barrio, ni me había planteado cambiar de vida"

Compartían vocación y lo siguiente fue compartir la vida. Llegó el momento de elegir un lugar para echar raíces. Escogieron el campo y su vida cambió radicalmente. “Yo pensaba que siempre iba a vivir en mi barrio, ni me había planteado cambiar de vida, pero estuve un año viviendo en La Cabrera y vi que tienes más calidad de vida”, dice Rafa, "me gustaba más la tranquilidad del entorno rural y me gustaban más los colegios de esta zona, son más tranquilos que los de Madrid”.

Adela y Rafa han formado una familia en Sieteiglesias. Tienen tres niños, lo que supera en mucho la media de natalidad en Madrid (1,15 hijos por mujer). El mayor ya ha cumplido 11 años, el mediano 9 y el pequeño casi tiene cinco. Son tres pequeños ‘canajos’, de pura cepa, que así se llama a los nacidos en Sieteiglesias.

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El pueblo es “otro ritmo para todo, también para criar hijos”, dice Adela. Lo que aporta vivir la maternidad en un pueblo es “mucha tranquilidad” desde el primer momento: “Disfruté mucho de la baja maternal, en esa etapa podía pasear con el niño todas las mañanas por el pueblo, fue una gozada”.

“La ciudad te mete mucho estrés”

Paseando en burro | ADELA Y RAFA

Tranquilidad, calidad de vida… son las palabras que más repiten los dos cuando hablan de su día a día en el pueblo. “La ciudad te mete mucho estrés”, dice Adela, “te lleva a un ritmo del que a lo mejor no eres consciente pero que no creo que sea bueno para los niños en las primeras etapas de su vida, es mejor intentar vivir más tranquilos”.

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Los precios de la vivienda también son una ventaja: “Por el mismo dinero te puedes comprar una casa con su jardín y garaje, si te vas a Madrid sólo te puedes comprar un piso con dos o tres habitaciones”, explica Adela. Vivir así fue de gran ayuda durante el tiempo del confinamiento: “Tenemos un trocito de jardín, mis hijos pudieron salir a que les diera el aire, el sol, saltar, pudieron correr”.

“Aquí todos nos conocemos”

Paseando por el bosque | ADELA Y RAFA

“El campo está a la puerta de casa, abres la puerta y lo tienes”, dice Rafa. La gente es importante y la naturaleza también: “Yo subo la persiana y veo árboles, montañas, a veces caballos. En Madrid cada vez que abría la ventana veía al vecino de enfrente”, cuenta Adela.

“El campo está a la puerta de casa, abres la puerta y lo tienes”

Los dos valoran mucho la cercanía con la gente que sólo da un entorno rural. “Lo mejor de criar hijos aquí es que estás en un ambiente sano, que todos nos conocemos y cualquier cosa que pase siempre hay alguien que te ayuda. Da mucha tranquilidad saber que cualquiera se queda un momento vigilando a tu niño”, explica Rafa.

“Aquí enseguida conoces a la gente, sales a pasear y la gente te saluda, hay una cercanía que no encuentras ni siquiera en un barrio de la ciudad”, señala Adela. “El hecho de ir por la calle y saludar, a lo mejor es una simple tontería, pero a mi me parece importante”.

“Respirar aire puro”

Entorno de Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias | AYTO. LOZOYUELA NAVAS SIETEIGLESIAS

Sieteiglesias es ese lugar donde, explica Adela, “el aire es limpio, no hay contaminación, ya solo respirar este aire es una mejora considerable”. Ella y su marido están criando a sus hijos en un entorno natural privilegiado: “Respirar aire puro es mucho más sano, respirar contaminación no es bueno para niños que están en pleno crecimiento, nos preocupamos mucho por la alimentación pero del aire que respiras, y lo haces continuamente, no somos tan conscientes”, apunta Adela.

“Aquí tenemos las comodidades de una ciudad y cuando quieres ir al cine o al teatro, bajas a Madrid, pero en tu día a día tienes cosas que no puedes tener en una ciudad”.

“Tenemos todos los servicios básicos”

Vista de Buitrago de Lozoya | ADELA Y RAFA

Vivir en la sierra de Madrid no significa estar lejos de todo: “Aquí tenemos todos los servicios que necesitamos, lo básico lo tienes. Yo en el barrio tenía mi cole, mi parque, mis amigos, como tienen mis hijos aquí, quizá el inconveniente es que los amigos son de diferentes pueblos, por eso nos juntamos en Buitrago, que es lo más céntrico”, explica Adela.

El colegio público de Buitrago de Lozoya “recoge alumnos de toda la comarca, los niños que viven en pueblos pequeños que no tienen colegio tienen derecho a una ruta escolar y comedor subvencionados en nuestro colegio”, cuenta Rafa. Es el único colegio bilingüe de la zona y el próximo curso pasará a tener también educación secundaria.

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"Tenemos un servicio de salud y de urgencias que funciona bastante bien”, explica Rafa, “pero, si la urgencia es de hospital, no estás a cinco minutos de uno y te tienen que mandar un helicóptero, llevarte en una ambulancia y tienes esa cosa de que no te pase nada grave que hasta que llegues”.

En el pueblo hay tiendas para las compras del día a día pero “son un poquito más caras que en Madrid donde hay más competitividad de tiendas y ofertas", nos explica Rafa, "así que en la cesta de la compra te gastas más que en Madrid".

"Madrid está muy cerca"

Curso del río Lozoya a la altura de Buitrago | EUROPA PRESS

“Parece que irse al pueblo suena como antiguo”, Adela recuerda a sus abuelos, labradores de toda la vida: “Yo tengo familia en pueblos de Castilla y León y hay un diferencia con los pueblos de Madrid, tenemos la suerte de que Madrid está muy cerca, te vas a comprar y en cuarenta minutos estás allí. Si nosotros estamos un poco abandonados en otros lugares de la geografía española lo están mucho más”.

“El pan que comemos todos los días sale de los pueblos y los estamos dejando abandonados"

Es una fervorosa defensora de los pueblos: “El pan que comemos todos los días sale de los pueblos y los estamos dejando abandonados y un poco los menospreciamos, menospreciando, parece que la ciudad es más importante pero son tan importantes los pueblos como las ciudades”.

"Aquí dependes del coche"

Lozoyuela | TELEMADRID

“Por nuestro pueblo pasan varios autobuses al día pero adaptar los horarios a los del colegio es difícil, aquí dependes del coche, sin coche estás un poco perdido”, dice Rafa y Adela añade que, a cambio, los niños tienen mucha más libertad para moverse: "Podemos ir por la calle tranquilamente. Cuando voy a Madrid, a casa de mis padres, tengo que estar muy pendiente de ellos, hay coches por todos lados”.

Rafa explica que a la zona “la llaman la ‘sierra pobre’ porque no tenemos tantas comunicaciones como Guadarrama, pero eso también hace que la zona esté menos masificada, con pueblos más pequeños y menos saturados”. Eso sí, ‘bajar’ a Madrid, exige organización “porque tienes un desplazamiento de una hora y pico”.

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“Nos preocupa un poco que cuando sean más mayores y terminen el bachillerato para seguir estudiando habrá que bajar a Madrid”. Cuando ese momento llegue Adela y Rafa ya saben que tendrán que “plantearse si los chicos se sacan el carnet de conducir y dejarles un coche". Soluciones hay, por ejemplo, otros padres que ya están viviendo ese momento han optado por alquilar entre varios un piso en Madrid.

No sólo estudiar exige transporte, también el tiempo de ocio: “Continuar los estudios es uno de los problemas, el otro es que querrán salir con sus amigos por Madrid”. No siempre será necesario porque la sierra, pasada la pandemia, ha recuperado el ambiente: “Han vuelto las fiestas a los pueblos y los padres se organizan para llevar a sus hijos y traerlos, además hay taxis por la zona que los contratas y te traen y te llevan”.

“Después de la pandemia vino mucha gente”

Curso del río Lozoya a su paso por Buitrago de Lozoya | EUROPA PRESS

En los últimos años el nivel de población ha sufrido oscilaciones: “Ha bajado mucho la inmigración, gente venía aquí porque había oportunidades de trabajo, pero con la crisis eso bajó”, explica Rafa, “hay menos nacimientos y en esta zona se nota más que en Madrid”. Ahora la pandemia ha cambiado, de nuevo, la tendencia y “en el colegio están aumentando las matriculaciones de niños que se desplazan desde Madrid”.

Hasta es posible que cuando se realice un nuevo censo, el número de habitantes sea mayor que en 2017. “Recuerdo ir por el pueblo y ver casas que estaban cerradas de toda la vida, muchas siempre con el cartel de ‘Se vende’, con la pandemia llegó gente, las casas, los jardines se arreglaron y los carteles desaparecieron”, señala Adela.

“Merece la pena”

“A veces bromeo con los niños y les digo que de mayores se irán a vivir a una ciudad y te dicen que no, que ellos van a vivir siempre aquí, que están tan a gusto”. Vivir y criar hijos en el campo, es una experiencia que “merece la pena”, dice Adela rotunda y de eso, de traer hijos al mundo y educarlos, ella, y Rafa, saben mucho.