Colmenar de Oreja, paseo por la riqueza de su piedra, su patrimonio y su cocina
Su monumentalidad, su tradición cantera, sus campos y la variedad gastronómica la convierten en un destino necesario
COLMENAR DE OREJA/ "Tres cosas tiene Colmenar que no tiene Madrid, los hornos, las canteras y el puente del Zacatín". Este dicho resume la tradición de Colmenar de Oreja en torno a la piedra, los hornos de tinajas y la monumentalidad del lugar. Nosotros vamos a ir del dicho al hecho.
Con un recorrido por esta localidad de la Comarca de las Vegas y Alcarria de Madrid podremos conocer esos usos y costumbres tradicionales, junto a elementos castellanos en su arquitectura, el legado manchego de sus viñedos y una historia siempre vinculada a su posición de frontera.
A Colmenar de Oreja se llega desde el centro de la capital en alrededor de una hora en coche. La A-3 permite un acceso más rápido; también puede optarse por carreteras secundarias que atraviesan San Martín de la Vega y Chinchón, entre cerros, cantiles y campos de labor.
Tras alcanzar esta localidad perteneciente a la iniciativa Las Once Villas de Madrid, lo más recomendable es acudir a su oficina de turismo para organizar bien la visita, con sus principales puntos de interés y lugares donde conocer y degustar la gastronomía local.
El casco histórico de Colmenar de Oreja está declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico, y nuestro recorrido debería incluir la Plaza Mayor, la iglesia de Santa María la Mayor y el Museo Ulpiano Checa, que reúne una colección dedicada a este pintor y escultor nacido en la localidad.
Mención especial merece el arco, túnel o Puente del Zacatín, denominaciones con las que puede encontrarse citado. Se trata de una estructura construida entre los siglos XVII y XVIII bajo la Plaza Mayor, que salva el barranco del Zacatín. Junto a este paso se encuentran los Jardines del Zacatín y su fuente monumental.
Y es la roca, la piedra caliza en concreto, uno de los principales rasgos de identidad de Colmenar de Oreja. De sus canteras salió material empleado en construcciones y monumentos como la Puerta de Alcalá, los Palacios Reales de Madrid y Aranjuez, la catedral de la Almudena, el Banco de España, el Museo del Prado o el Teatro Real.
El Museo de Piedra de Colmenar de Oreja reúne una buena colección de objetos y bloques para conocer mejor y poner en valor el duro trabajo de la cantería tradicional.
Otra tradición de Colmenar de Oreja, de la que aún quedan vestigios, fueron sus hornos dedicados a la fabricación de las tinajas para guardar los vinos, principalmente manchegos. Hoy el municipio produce sus propios vinos, vinculados a la subzona de Arganda de la Denominación de Origen Vinos de Madrid.
Sus bodegas cuentan con numerosos premios en certámenes nacionales y además de catarlos existe la posibilidad de recorrer la 'ciudad del vino', el viaje subterráneo por algunas de las cuevas que conservan las grandes tinajas y los botelleros que, a modo de vidrieras, crean una auténtica catedral enológica bajo el suelo.
Colmenar de Oreja ofrece una rica variedad gastronómica para degustar en sus establecimientos. El aceite y el queso de oveja no pueden faltar en la mesa, junto con especialidades como la 'ternera al desarreglo', las patatas chulas y las pozas. En la sobremesa puede probarse el limoncillo, licor suave elaborado a base de cáscara de limón macerada, recuerdo de la antaño importante tradición de aguardientes colmenareños.
No en vano, la localidad formó parte de la iniciativa culinaria 'Villas a fuego lento', impulsada por Hostelería Madrid en colaboración con la Comunidad de Madrid. Tras una primera edición dedicada a la cocina de invierno, está prevista una nueva campaña de otoño centrada en los productos de temporada, una oportunidad para volver a las villas desde la gastronomía.
A lo largo de todo el año Colmenar de Oreja programa eventos que atraen a visitantes interesados en su Feria del Vino o en la recreación de hechos históricos, como el levantamiento contra las tropas napoleónicas en 1808. La historia colmenareña está llena de momentos relevantes, en los que carpetanos, cartagineses, romanos, musulmanes o cristianos que dejan su huella en una villa que invita a ser recorrida sin prisa.
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